No tengo ganas. Qué cosa curiosas
las “ganas”. Las ganas deberían tener un lugar en la ciencia como fenómeno
digno de estudio. Para mí son misteriosas, apenas comprensibles como el tiempo
y el espacio. Por supuesto que habrá alguna explicación, pero de todas maneras
me encantan las ganas. Porque es que a veces vienen, a veces desaparecen, y
muchas veces nos sorprenden. En medio de una situación completamente doméstica,
como estar planchando, nos dan ganas de nadar en el mar. Y de repente y sin
aviso, las ganas de hacer algo se van. Por ejemplo cortar el pasto, una semana
de lluvias esperando el sol para hacerlo, y ahí está el sol, pero las ganas se fueron….
Así nomás, sin explicación demasiado clara. De repente, un clarísimo “no tengo
ganas”. Me hace acordar de un escrito muy interesante que leí alguna vez que
imaginaba que si las cosas se perdían, era porque se iban por ahí a tener
historias de amor. Luego aparecían como si nada hubiera pasado. Y lo mismo me
pregunto yo, a dónde es que se van las ganas cuando no están? Vuelven renovadas
un tiempo después. Algunas no vuelven más… Y lo que no tiene es remedio… dice
la canción. Son un fenómeno porque entre otras cosas las ganas
se pueden multiplicar. Se puede dar ganas a alguien. El típico “me diste
ganas de”… Parecieran ser intangibles y etéreas pero a veces me parecen más
como una “cosa”. Algo que se puede pasar
o recibir de otra persona. Será que decimos “Tengo ganas” o no las “tengo”. Me “dan”
o no me “dan”… Se me fueron. Todo bien palpable, no? Bueno, toda esta
introducción para decir que tener ganas
es bárbaro. Es sinónimo de estar vivo y te acerca a la felicidad. Y ahora no tengo ganas de nada. Ya vendrán.
Siempre prefiero que se entienda. Por eso escribo. El blog guarda cosas que el tiempo logra resignificar, es mágico. The way we choose to see the world, creates the world we see. This blog is part of my world of understanding and gratefulness.
lunes, 16 de diciembre de 2013
domingo, 15 de diciembre de 2013
Infracciones
Vengo de pagar infracciones de tránsito.
La señora
tenía dos matrimonios, el primero le pegaba, el segundo era tan meticuloso…. Un
hijo del primero, dos hijas del segundo, 24 y 27 años ya…. Grandes. Lo supe
todo en unos 5 minutos. Pero déjenme contarles cómo fue todo.
Me atendió
después de echar a Rober, diciendo: -Llame “Carracedo”, no Seara.
El aclaró lastimoso:
- Pero es mi auto!
Y ella
le dijo con voz de autoridad: -Voy a tratar con cada uno por separado. Parecía una cita policial, al final derivó en psicoanálisis.
Cuestión
que miró las 6 infracciones, todas mías a decir verdad. Todas juntas parecían una sábana interminable.
Me dijo que
había que indexarlas, aplicarles un coeficiente para llevarlas a valor actual. Imprimió
las fotos de cada multa, indiscutiblemente se trataba del auto de Rober. Se
dispuso a escribir los valores actuales al margen de las fotos.
Una era muy
nueva, tres eran re viejas, dos de principio de año. Qué hacia yo a las 6 de la
mañana en Figueroa Alcorta? Mmm
Un
miércoles… “Dificil de explicar”, le dije.
Sin duda había
sido yo, porque Rober nunca tuvo una multa en su vida. Su vida es derechita,
ceñida a la más mínima regla, absolutamente previsible. Y la mía es un caos. Además
yo prefiero pagar una multa de vez en cuando que vivir pendiente del mensaje de
radar del gps que dice "atención, radar". Prefiero todo sin reglas. Si se puede. Sin poner en riesgo la
vida de nadie quiero hacer lo que se me da la gana.
Qué hacía
yo en Gral Paz y parque Sarmiento por colectora… a 60 km. Terrible.
Lo peor de
esas multas es que sacan puntos. Rober, que se cuida en ese y en todos los aspectos,
ya tenía casi 20 puntos, y le iban a sacar la licencia, como dueño del auto que
es le caen todas las infracciones.
En eso, me
preguntó “la gorda”, mejor dicho “la
vieja”, o era “la rubia despeinada”, no se… era gorda, vieja y rubia con los
pelos locos: -“El libre deuda te lo pidió el seguro?”, no, le dije yo. “Pero
estás vendiendo el auto” No, no, tampoco. Cara de incredulidad como pocas.
Yo le
aclaro bajando la voz y la cabeza como para que nadie escuche: -“Viste ese que
ves ahi es (era) mi "marido", bueno es muy … digamos meticuloso.” Y revoleando los ojos
agregué: “ Y las multas son mías, por eso estoy acá voluntariamente, para pagar
y que me pases todos esos puntos a mi. Y ya deje de molestarme”…..
Sin decir
palabra la mujer reimprimió las fotos y
volvió a empezar. Dobló cuidadosamente lo que había estado calculando y lo puso
lentamente en el tacho de basura. Luego me miró y me dijo: Estas tres son
viejas, prescribieron. Dibujo una P grande en el margen.
Estas 2 de
200 pesos no hace falta indexarlas. Y esta ultima de 664, la foto es
defectuosa. Le puso un “DF” en el margen. Pague solo 400$ de los casi 2000 que
había calculado en un principio.Me contó sobre su último marido….Grave el caso… pero igual, “mejor que el primero "– sus palabras Y de sus hijas, y de su signo y su ascendente. Le sacó el ascendente a Rober en el acto: Tauro con ascendente en Capricornio...
“Y con vos… con vos no voy a discutir, vos sos de Aries: Todo un personaje”.
Para mí que el personaje era ella, pero bueno… puntos de vista
domingo, 8 de diciembre de 2013
2013 el año de la amistad
Camino la tierra sembrando la mayor cantidad de paz, buenas acciones y ayuda que me es posible. Conozco mucha gente cada año que recibe y valora lo que hago: algunos solo se ven beneficiados, otros lo detectan y agradecen , los menos no sólo me descubren sino que se unen al equipo de buenas acciones, multiplicando la "cadena de favores"....
Este año coseché muchas amistades, gente querible que ya forma parte de mí. Entre ellos alguien especial del cual yo he aprendido mucho acaba de hacerme llegar un mensaje de los más lindos que recibí en mi vida. Forma parte de un texto más largo de agradecimientos y reflexiones varias sobre el 2013 pero transcribo lo que me atañe para que no se pierda en la nebulosa electrónica:
"Conocí un centenar de personas nuevas, malas, buenas, amigables, falsas; y de todas me quedo con un recuerdo y una experiencia. Y conocí a una persona más; un ser cálido, amable, sentimental, ácido, visceral, atractivo, gracioso, cordial, fascinante, agradable, cariñoso, abierto, extrovertido, tratable e inteligente, hasta hace un tiempo atrás si me preguntaban si existía alguien así te lo hubiera negado, pero si existe y es quien me despejó y dejó ver nuevamente mi camino, quien creó una nueva categoría en el diagrama de amistades, quien me ayudó a despertar y volver a la realidad."
Sobre los adjetivos, gracias por ver de esa manera mi interior... Sobre lo demás me alegra infinitamente haber participado en el crecimiento personal de alguien de esa manera. De todas formas "despertar" en su caso era cuestión de tiempo, de honestidad emocional y autocrítica inteligente. Yo no fui quien hizo todo eso, sino el mismo. Yo también crecí con esta amistad. Muchas gracias por eso.
La vida es bella
Este año coseché muchas amistades, gente querible que ya forma parte de mí. Entre ellos alguien especial del cual yo he aprendido mucho acaba de hacerme llegar un mensaje de los más lindos que recibí en mi vida. Forma parte de un texto más largo de agradecimientos y reflexiones varias sobre el 2013 pero transcribo lo que me atañe para que no se pierda en la nebulosa electrónica:
"Conocí un centenar de personas nuevas, malas, buenas, amigables, falsas; y de todas me quedo con un recuerdo y una experiencia. Y conocí a una persona más; un ser cálido, amable, sentimental, ácido, visceral, atractivo, gracioso, cordial, fascinante, agradable, cariñoso, abierto, extrovertido, tratable e inteligente, hasta hace un tiempo atrás si me preguntaban si existía alguien así te lo hubiera negado, pero si existe y es quien me despejó y dejó ver nuevamente mi camino, quien creó una nueva categoría en el diagrama de amistades, quien me ayudó a despertar y volver a la realidad."
Sobre los adjetivos, gracias por ver de esa manera mi interior... Sobre lo demás me alegra infinitamente haber participado en el crecimiento personal de alguien de esa manera. De todas formas "despertar" en su caso era cuestión de tiempo, de honestidad emocional y autocrítica inteligente. Yo no fui quien hizo todo eso, sino el mismo. Yo también crecí con esta amistad. Muchas gracias por eso.
La vida es bella
viernes, 29 de noviembre de 2013
Multiservicio
Esa mañana
recuerdo que el andén del Multiservicio
estaba lleno y todavía no eran las 7. Pero era típico en esta época. Se
acercaban las vacaciones y todo el mundo quería resolver a último momento lo
que no hizo durante todo el año.
Lentamente
se fue acercando el subte hasta quedar justo enfrente de la puerta del primer
vagón, que era el correcto para iniciar el viaje.
En el
primer vagón era donde, según recordaba, estaban los carpinteros, techistas, fábricas
de muebles y aberturas. Creo que también todo lo relacionado con tratamiento de
pisos. Además no quería dejar de averiguar sobre una ventana de techo para el
living. “Hace rato que la quiero y no me
hacía el tiempo para eso”, pensé.
Con la
chicharra característica se abrió la puerta y nos chocamos todos para entrar
juntos. En el interior una alfombra central dividía el subte en dos partes, y a
ambos lados una línea de stands me recibió.
-¿Buenos días,
qué anda buscando? -¿Me gustaría contratar un plastificador de piso. -¿Muy
bien, cuántos metros cuadrados tiene su parquet - Aproximadamente 80 m2, lo que
mide el living y las habitaciones.-Con o sin zócalos?- Con -¿Cuál es el estado
general del piso? ¿Le faltan maderas? - No, no. Está completo -Elija un tono de
plastificado en esta muestra.
Luego de
señalar uno bien parecido, le di mi dirección y quedamos que lo harían la
semana siguiente. Pregunté por aberturas y en voz alta se dirigió al escritorio
al lado - ¡Ey Pepe, la señorita busca una abertura!
Me
vendieron una ventana de techo en unos 10 minutos. Es que eran fantásticas. Luz
natural en el living comedor actualmente oscuro. Tendrían que retirar unas
cuantas tejas, pero a cambio yo tendría todo el sol adentro de mi casa.
No habíamos
llegado a la siguiente estación y yo ya había resuelto lo que necesitaba. No me
podía explicar cómo hacía la gente para hacer trámites antes de que existiera
el “subte multiservicio”.
El señor de
las aberturas me comentó que no dejara de ir al otro vagón en busca de Juan,
que era el cerrajero. Era importante hacer las llaves de la nueva abertura.
Entregué un
cheque por la compra, y me dirigí al siguiente vagón en busca de Juan.
Juan
resultó ser un tipo macanudo. Me dijo que él se encargaba con el mismo Pepe de
hacer las copias de la llave de la abertura tan pronto como la eligieran y las
dejaría el mismo día que la colocaran.
Bárbaro. Todo en 2 estaciones.
Me quedaban
4 estaciones antes de llegar. Quizás me daba tiempo de retirar la tarjeta de débito
que la semana pasada había pedido que renovaran. Me detuve a mirar unas fotos
geniales de unos cruceros en oferta en el stand de agencia de viajes. No podía
creer qué suerte. Ahí estaba Tahiti, un destino que yo siempre había querido
conocer, en oferta, como invitándome.
La chiquita
vestida de azafata me atendió y me detalló las distintas opciones. La verdad es
que un crucero para estar tirada sin hacer nada era tentador. El año había sido
rabiosamente duro, y necesitaba unas vacaciones. Financié la compra en 24
meses, y le agregué unas cuantas actividades náuticas, unos paseos, sesiones de
masajes, spa… Tahití… Ya parecía tocar con las manos el paraíso. Partía en dos
semanas, justo cuando terminaran de hacer el piso y la abertura.
Junté mis
cosas y me fui a resolver el tema de la tarjeta. Un último trámite y ya estaba
llegando a la oficina. Todo había salido de maravillas ese día.
Lo recuerdo
hoy, como si fuera ayer. También recuerdo las caras de satisfacción de los
vendedores, y los gestos entre ellos. Y me pregunto, si hubiera podido darme
cuenta de algo en ese momento. Pero no.
Incluso al
regresar de Tahití, y encontrar la casa completamente vacía de valores, muebles
y recuerdos, no pensé en eso. Pero ahora la claridad es aplastante, en un solo
día de “suerte”, había entregado la información precisa del tiempo que estaría
ausente más la copia de las llaves de una abertura que nunca llegué a
disfrutar. Todos los datos de una
persona en un solo vagón, donde se brindaban servicios. No tuvieron ningún problema
en realizar la estafa, todo el tiempo del mundo, desde el dinero del banco
hasta la cortina del baño.
sábado, 9 de noviembre de 2013
Tiempo y distancia
Bueno bueno, estas son ideas, tiradas en un papel con presión del tiempo. La consigna: "Escribí lo que sea en 5 minutos, lo que se te pase por la mente. Tiralo así sin orden. Ni estilo. Ni edición. Ni borrones. Ni cuento. Ni nada."
Y salió esto de adentro de mi cabecita sin filtros. Y me sorprendí. Porque yo me creía triste, y esto es de una persona feliz y esperanzada. Parece de una persona que espera que alguien llegue. No escribí a nadie en particular, o quizás si. Mezclé a varias personas y las hice una, entre ellas mi madre. Pero este fue mi auténtico sentir por 5 minutos, salpicado sobre el papel, más bien diría Estrellado contra el mismo.
Tarde. Tardé. O tarde. O tarda. O tardamos. Seguro todos tardan. En un mundo cada vez más rápido, veloz y resbaloso.
Sueño. Vivo. Sano. Lloro. Tengo ideas. Tengo mucho para dar. Quién lo recibe.
Qué linda charla tuvimos. Ojalá siempre. Ojalá.
El reloj sigue sus pasos. Iguales. A compás. Pero sin música. Simple. Parejo. Llano. Aburrido. El reloj da sus pasos idénticos uno de otro. El tiempo no. El tiempo hace lo que quiere.
Sobrevivo. Ya se que si. Ya vendrás. Y te reconoceré en segundos. O en horas. O en días. Quizás me tome años. Se tarda en conocer a las personas. No es sencillo. Me encanta.
Si pudiera me dedicaría a eso. A desentrañar los mundos que hay en cada uno y a despertarlos. Tanta gente vacía. Y sin embargo todos tienen algo maravilloso. Me encanta.
Si logramos que esta conversación sea eterna... qué lujo.
Qué lindo encontrarte. Saber que estás ahí. Que siempre estuviste. Muchos años esperando y lo que uno se tarda en conocer a las personas entre nosotros no pasa. Lo sabemos todo. De esta y tantas vidas.
Y es fantástico comulgar así. Sin explicaciones de por medio, y sin ninguna intención. Así sencillo... simplemente poder pensar en voz alta. Sin censura, sin prejuicios, ni consecuencias, ni miedos, ni represalias, ni castigos. Tal como eres, tal como soy. Tal como fuimos siempre. Sabios, grandes, inquietos, incomprendidos, auténticos y buscadores. De lo lindo, lo natural, lo sano, lo benigno. Y de nosotros. Yo de vos, vos de mi, "para siempre". "...y más allá".
Será que siempre hay que esperar así? Por eso tardo, y tardamos, y se tarda todo el planeta girando. Como las agujas del reloj que, sin descanso, nos va acercando.
"Para siempre" y "más allá", Tiempo y Distancia, dos caras de una misma moneda, y sin embargo qué poco de uno y cuánto de la otra.
Y salió esto de adentro de mi cabecita sin filtros. Y me sorprendí. Porque yo me creía triste, y esto es de una persona feliz y esperanzada. Parece de una persona que espera que alguien llegue. No escribí a nadie en particular, o quizás si. Mezclé a varias personas y las hice una, entre ellas mi madre. Pero este fue mi auténtico sentir por 5 minutos, salpicado sobre el papel, más bien diría Estrellado contra el mismo.
Tarde. Tardé. O tarde. O tarda. O tardamos. Seguro todos tardan. En un mundo cada vez más rápido, veloz y resbaloso.
Sueño. Vivo. Sano. Lloro. Tengo ideas. Tengo mucho para dar. Quién lo recibe.
Qué linda charla tuvimos. Ojalá siempre. Ojalá.
El reloj sigue sus pasos. Iguales. A compás. Pero sin música. Simple. Parejo. Llano. Aburrido. El reloj da sus pasos idénticos uno de otro. El tiempo no. El tiempo hace lo que quiere.
Sobrevivo. Ya se que si. Ya vendrás. Y te reconoceré en segundos. O en horas. O en días. Quizás me tome años. Se tarda en conocer a las personas. No es sencillo. Me encanta.
Si pudiera me dedicaría a eso. A desentrañar los mundos que hay en cada uno y a despertarlos. Tanta gente vacía. Y sin embargo todos tienen algo maravilloso. Me encanta.
Si logramos que esta conversación sea eterna... qué lujo.
Qué lindo encontrarte. Saber que estás ahí. Que siempre estuviste. Muchos años esperando y lo que uno se tarda en conocer a las personas entre nosotros no pasa. Lo sabemos todo. De esta y tantas vidas.
Y es fantástico comulgar así. Sin explicaciones de por medio, y sin ninguna intención. Así sencillo... simplemente poder pensar en voz alta. Sin censura, sin prejuicios, ni consecuencias, ni miedos, ni represalias, ni castigos. Tal como eres, tal como soy. Tal como fuimos siempre. Sabios, grandes, inquietos, incomprendidos, auténticos y buscadores. De lo lindo, lo natural, lo sano, lo benigno. Y de nosotros. Yo de vos, vos de mi, "para siempre". "...y más allá".
Será que siempre hay que esperar así? Por eso tardo, y tardamos, y se tarda todo el planeta girando. Como las agujas del reloj que, sin descanso, nos va acercando.
"Para siempre" y "más allá", Tiempo y Distancia, dos caras de una misma moneda, y sin embargo qué poco de uno y cuánto de la otra.
domingo, 9 de junio de 2013
Respuestas
Respuesta de Arturo, el padre de mi primer hijo, cuando alguien le chusmeó mi discurso del día que cumplí mis 40. Entre otros agradecimientos, le dediqué uno muy grande a él, por haber tenido y compartido conmigo un hijo tan maravilloso y por haberme allanado el camino en épocas en las que yo tenía que estudiar, una carrera que en mucho se la debo a él.
"El tiempo es un maestro riguroso Maru, me conmovió profundamente leer tus líneas y saber de tamaño reconocimiento, aunque admito que no me sorprende viniendo de Lorena a quien siempre consideré una persona muy inteligente y capaz, ella desde muy temprano tuvo que adaptarse a procesar las cosas que pasaban en su vida y metabolizarlas para buscar soluciones y si bien nuestros caminos se separaron hace ya mucho tiempo los dos buscamos la forma para no guardar rencores inservibles que solo generan lastre para almas sensibles. La inteligencia cognoscitiva no es nada sin el crecimiento interior y en ese camino es donde nos parecemos mas con ella. El tiempo no solo cura las heridas también te enseña que lo importante es que hacemos con las lecciones que aprendimos. Beso enorme y me pongo a hacer algo antes que me veas llorar."
Un capo.
"El tiempo es un maestro riguroso Maru, me conmovió profundamente leer tus líneas y saber de tamaño reconocimiento, aunque admito que no me sorprende viniendo de Lorena a quien siempre consideré una persona muy inteligente y capaz, ella desde muy temprano tuvo que adaptarse a procesar las cosas que pasaban en su vida y metabolizarlas para buscar soluciones y si bien nuestros caminos se separaron hace ya mucho tiempo los dos buscamos la forma para no guardar rencores inservibles que solo generan lastre para almas sensibles. La inteligencia cognoscitiva no es nada sin el crecimiento interior y en ese camino es donde nos parecemos mas con ella. El tiempo no solo cura las heridas también te enseña que lo importante es que hacemos con las lecciones que aprendimos. Beso enorme y me pongo a hacer algo antes que me veas llorar."
Un capo.
viernes, 7 de junio de 2013
Retrato de un comediante literario
“Tres, dos,
uno. Estamos en vivo”, se escuchó por el altoparlante.
Rubén
Levenberg, un comediante literario.
Para
retratar a un personaje tan complejo como Rubén hace falta lucidez, una buena cantidad de adjetivos y antónimos y hacer
uso de una variedad de recursos intelectuales que estén al alcance. Se requiere
coraje para animarse al sarcasmo
jovial y distraído que caracteriza a sus
escritos, al menos si uno quiere con este retrato hacer honor a la calidad de
sus obras.
Hijo de un meteorólogo
taciturno, ya de pequeño gustaba de los libros y de las librerías. Con los años
se inclinó hacia las letras y como era de esperarse terminó sus estudios
universitarios como periodista y así comenzó su carrera laboral.
De
personalidad profunda y reservada, sus producciones demuestran que bajo esa
apariencia seria y contraída, se da lugar a un sinnúmero de facetas diferentes,
a veces encontradas o antagónicas. Gusta de su soledad, y se caracteriza por
ser metódico, exacto, medido pero también tornasoladamente sarcástico, llenando
sus obras de pequeñas ironías y aspectos graciosos, que le sacan al lector más
de una sonrisa.
De corte
amplio y andar seguro, cara intelectual
y tranquila. Quizás con el tiempo fue perdiendo su espalda excesivamente recta,
pero los años lo tratan con generosidad y sigue siendo una persona interesante.
La vida y sus pormenores fueron doblegando sus estructuras, pero permanecen en
él la fortaleza del cuerpo y del alma, y dejaron intacto su aspecto intelectual
y atractivo.
De todo, lo que más lo
destaca y representa, son su voz y su mirada. Ojos de altísima profundidad dan
nota de una mirada perspicaz y ácida de su entorno. Si se lo observa
detenidamente, se ve en sus ojos la existencia de palabras no dichas, impaciencia
dominada, de visual inteligente. Aparenta ser alguien muy serio, ceñudo sin
fruncir el ceño. Es solo la percepción o
la imagen que el gusta mostrar de sí mismo para lograr distancia y
profesionalidad.
Uno podría
decir que posee una risa fácil y contagiosa, pero en realidad no se ríe con
facilidad, es solo que es uno el que se ríe cuando habla con él. Su hablar
pausado, algún que otro segundo de espera en las respuestas que da lugar al
pensamiento y la sonrisa y una cara impasible que no adelanta lo que va a decir,
son sus armas más poderosas.
Es así que
con su gracia y estilo sus recientes presentaciones televisivas y su libro tienen
una gran aceptación en jóvenes y no tan jóvenes y su futuro es muy prometedor.viernes, 17 de mayo de 2013
Frutos rojos
Detrás de
sus párpados cerrados, oyó el ruido de la ducha esa mañana, y así supo que él
había llegado. No era que lo estuviera esperando, ni que tuviera alguna razón o
necesidad de verlo. Hace tiempo que ya
no esperaba nada en realidad. Por otro lado las ausencias se habían hecho cada
vez más frecuentes y ya se había acostumbrado. Y se sabe que no hay nada más
convincente que la costumbre.
Se
encontraron más tarde en la barra blanca de la cocina con un café lavado en
medio, y prácticamente no se dirigieron palabra. Algún que otro sonido de
vajilla mientras lavaban cada uno su taza. Solo eso.
Juntó sus
cosas, chequeó lo básico en su cartera y se dispuso a salir. En la puerta
lamentó no haberse mirado al espejo aunque sea fugazmente. Eligió gorra y
bufanda negras que colgaban al lado de la puerta y se fue.Había quedado con una amiga en asistir a una jornada de uvas y vinos más que nada porque quedaba cerca de su casa.
Al llegar respondió cortés a los saludos que le brindaban aquí y allá. No era una persona muy comunicativa, es más, podría decirse que era la persona más retraída en aquel salón en donde todos hablaban bulliciosamente. Aunque no conocía a nadie, se sintió observada. Y justo en el momento en que se disponía a examinar aquella sensación, una cara conocida se acercó a rescatarla del momento incómodo. Era su amiga que no podía dejar de repetir lo feliz que se sentía por haber aceptado venir.
Comenzaron las introducciones correspondientes, donde los organizadores se deleitaron exponiendo cada uno su experiencia vitivinícola, para darle un marco de seriedad al encuentro. Así supo saber que el señor que la había estado observando era un invitado especial, se llamaba Joaquin con sus respectivos dos apellidos de alcurnia, gente de vides, que venía desde España a conocer al Sommelier que presidiría la convención.
Él se presentó ante el público con su voz profunda y perfectamente modulada mientras ella lo miraba con interés. Para su sorpresa, justo antes de terminar su autopresentación y un segundo antes de que comiencen los aplausos, él se giró perceptiblemente para mirarla a ella a los ojos y dedicarle sus últimas palabras. Ella sostuvo la mirada por el tiempo que pudo, quizás fueron dos segundos, pero alcanzó para movilizar hasta el último de sus poros.
Copa en mano y luego de algunos canapés los invitaron a tomar asiento para dar comienzo a la Cata. Ella eligió un asiento al final del salón esperando que su amiga se le uniera. Pero aquella estaba entretenida por esos momentos conversando con gente con la que hacía negocios hace años.
Don Joaquín -que para esa altura ya parecía sentirse como en su casa- se le apareció al lado como con algún truco de magia y le preguntó amable si podía compartir su mesa. Ella balbuceó una especie de “sí, cómo no”, tratando de esbozar una sonrisa.
El Sommelier al frente comenzó la charla e hizo servir 6 copas de vino a los participantes. Ella empezó a preguntarse qué diablos hacía allí, pero por otro lado tenía cierta curiosidad por este hombre que, sentado a su lado, emanaba una mezcla de energía y confianza.
El primero de los vinos era color dorado intenso. -“En nariz, frutado, con aroma a ananás y cierto dejo de miel. No?” le dijo él a los ojos con una mirada de complicidad. Quedó perpleja, y solo se atrevió a asentir con un movimiento de cabeza, no estando del todo segura de si se estaba refiriendo al vino o a qué. “En apariencia simple y suave, pero en el fondo tiene unas notas elocuentes, para el que las sabe pillar.”
Cuando tocó probarlo, en la boca el Chardonnay tenía un dulzor en armonía con las frutas que anticipara su fragancia. “Frutas tropicales, que son siempre apasionadas y a la vez sensibles”, le escuchó decir esta vez parecía hablar solo, pero ella sentía que se estaban comunicando. De una manera del todo extraña para ella, pero aquello era una conversación, significativa y profunda.
El segundo vino era un Torrontés de los más típicos: floral con un toque de jazmines, aromas azucarados y sorprendente en la lengua. Por lo bajo es que seguía oyendo a su compañero: “Mm, intenso, brillante, me sabe a una tarde de poltronas en la galería.” Ella comenzó a viajar en cada expresión y a descubrir sentidos que ni ella sabía que tenía.
El sabor del tercer vino era herbáceo, “de naturaleza sin estructuras, sin límites”. Así lo dijo el, y ella coincidió completamente.
Aquél era “expresivo”, el otro “impetuoso e impulsivo”, aquel "untuoso" y alguno revelaba unas lágrimas tan densas que bajaban con increíble lentitud por los lados de la copa. “La profundidad del alma de este vino, destaca su sensibilidad”.
Y así, los violáceos Cabernet, los rojos rubí del Malbec, los traslúcidos Pinot Noir llenaban sus ojos, los perfumes y las “notas” inundaban su olfato, y los sabores resaltaban emociones pero eran las frases compartidas las que completaban el hechizo. Colores y matices que eran del todo desconocidos para ella, y que poco a poco él fue poniendo en palabras. Para ella.
-“Este ofrece frutos rojos, algo tímido, con una influencia del trópico, y aquel una impronta marítima, una emoción de madera por haber pasado por una noble barrica”, proseguía él. “es como hablar de descubrimientos y de conquistas”, pensó ella.
-“ Y este se nota que está viejo, ajerezado, oxidado, perdido, con el alma dolida y los bordes quejosos, lo ves?”, continuaba el.
-“¿Y este otro cómo lo sientes? A mí me sabe redondo, no tiene aristas, de aroma suave pero de personalidad fuerte, y de un largo final en la boca…”, a lo cual ella solo atinó a mirarlo a los ojos.
Intercambiaron más que vinos y comentarios. Hubo también respiraciones y roces compartidos. Al terminar la jornada una invitación, un interés, una intención precisa en el aire se hizo presente en el momento de pasarse los datos personales y se fortaleció con un beso audaz, pero delicado y consentido.
Ella luego se alejó y se fue, directo a su casa, con el cuerpo y el alma en frutos rojos y aromas efervescentes, con la esperanza de rememorar los detalles en soledad durante un rato. Pero al llegar la luz del rellano le anunció que no estaría sola esa noche.
Se cruzaron en la sala de estar, a pesar de su evasiva. El intercambio fue breve, pero para ella este fue el primer diálogo real en años.
-“Llegaste”, le dijo él.
-“Con el alma dolida y los bordes quejosos”, respondió ella.
-“Qué?”
-“Nada. La escasa profundidad de tu alma no admite sensibilidades, ni la “densidad de las lágrimas”, ni las “notas,” ni los “matices.”
-“Estás diciendo tonterías”
-“Si, quizás a pesar de todo yo tenga la naturaleza del Sauvignon, “herbáceo sin límites ni estructuras”. O quizás tenga la “timidez del Pinot”. O quizás también “los violáceos” o “los rojos rubí” o “la influencia marítima”, o “la pasión del trópico…”
-“Me estás preocupando”
-“No será posible, sería muy extraño que te preocuparas. No es de tu madera. De hecho estoy segura de que no pasó por barrica tu alma.”
-“¡¿No entiendo qué decis, estás bien?!”
-“Nunca estuve mejor, como un Bonarda, con la “personalidad fuerte y un largo sabor en la boca”.
Y diciendo esto se fue, cerrando suavemente la puerta por última vez.
sábado, 30 de marzo de 2013
sábado, 9 de marzo de 2013
Retrato de mi misma
Retrato de mi misma
realizado por Velio Spano en el Taller de Escritura de Gisela Galimi - 2013
De chica caminaba con el mentón pegado al pecho, la mirada hacia el suelo y las manos en los bolsillos. Soplaba fuerte el viento en la Patagonia y, aunque sabía que no era lo correcto, pocas veces iba con la cabeza cubierta. El aire frío alteraba mis rulos, y las ráfagas arremolinadas me obligaban a andar con determinación. Determinación vasca, idéntica a la que tenía mi abuela cuando, a esa misma edad, miraba con los ojos entrecerrados el Cantábrico en invierno.
El océano fue un compañero de mi infancia. Primero, en Río Gallegos; después, en Mar del Plata. Miraba en verano como el cielo se fundía en el horizonte, y me guardé ese azul profundo en mis ojos. De noche, el inmenso firmamento estrellado fue el espacio que me abrió la imaginación para navegar en mis primeros viajes de ciencia ficción.
No sé si pasaron rápido esos años, pero sí intensamente. Conocí a mis padres juntos, pero los reconocí separados más tarde. Y así, quizás, los quise mejor. Fui muy pegada a mi madre, con quien viví hasta que, de grande, me independicé. Y seguí ligada a mi padre a través de unos hermosos, cariñosos, esperados tés en un bar de Mar del Plata.
Crecí con audacia. Dejé el mar, los puertos y los horizontes infinitos para llegar a Buenos Aires. Estudié, me mudé, me casé, tuve hijos. Me divorcié, me volví a casar, me divorcié de nuevo. Hice y deshice. Más que determinada, quizás, cabeza dura. Los vascos son cabeza dura.
Me gusta la vida, los viajes y bailar flamenco. Disfruto de tomar cerveza y saborear un buen vino. Defiendo la libertad, las playas públicas y trabajar de manera independiente. Me encanta dormir a la intemperie, acurrucada sólo por las estrellas de una noche diáfana.
Cuando escribo, vuelo. Invento sin límites. Ni siquiera imagino otro mundo, directamente lo creo. Un lugar que, si algún día existiera en el futuro, para entonces seguramente me parecerá arcaico.
realizado por Velio Spano en el Taller de Escritura de Gisela Galimi - 2013
De chica caminaba con el mentón pegado al pecho, la mirada hacia el suelo y las manos en los bolsillos. Soplaba fuerte el viento en la Patagonia y, aunque sabía que no era lo correcto, pocas veces iba con la cabeza cubierta. El aire frío alteraba mis rulos, y las ráfagas arremolinadas me obligaban a andar con determinación. Determinación vasca, idéntica a la que tenía mi abuela cuando, a esa misma edad, miraba con los ojos entrecerrados el Cantábrico en invierno.
El océano fue un compañero de mi infancia. Primero, en Río Gallegos; después, en Mar del Plata. Miraba en verano como el cielo se fundía en el horizonte, y me guardé ese azul profundo en mis ojos. De noche, el inmenso firmamento estrellado fue el espacio que me abrió la imaginación para navegar en mis primeros viajes de ciencia ficción.
No sé si pasaron rápido esos años, pero sí intensamente. Conocí a mis padres juntos, pero los reconocí separados más tarde. Y así, quizás, los quise mejor. Fui muy pegada a mi madre, con quien viví hasta que, de grande, me independicé. Y seguí ligada a mi padre a través de unos hermosos, cariñosos, esperados tés en un bar de Mar del Plata.
Crecí con audacia. Dejé el mar, los puertos y los horizontes infinitos para llegar a Buenos Aires. Estudié, me mudé, me casé, tuve hijos. Me divorcié, me volví a casar, me divorcié de nuevo. Hice y deshice. Más que determinada, quizás, cabeza dura. Los vascos son cabeza dura.
Me gusta la vida, los viajes y bailar flamenco. Disfruto de tomar cerveza y saborear un buen vino. Defiendo la libertad, las playas públicas y trabajar de manera independiente. Me encanta dormir a la intemperie, acurrucada sólo por las estrellas de una noche diáfana.
Cuando escribo, vuelo. Invento sin límites. Ni siquiera imagino otro mundo, directamente lo creo. Un lugar que, si algún día existiera en el futuro, para entonces seguramente me parecerá arcaico.
miércoles, 27 de febrero de 2013
Ensayo
Cracrigos
Tal como él había visto en los libros ilustrados, los cracriguianos poseían unos treinta ojos el extremo superior de su cuerpo. Si observaban hacia el Norte, parecían ser capaces de ver completamente el Este y el Oeste en la misma visión. Pero lo que más impactaba eran las tres largas bocas dispuestas al final de lo que parecían ser sus caras, si era posible darle ese nombre a esa parte del cuerpo. Utilizaban una boca para cada palabra de manera de que el sonido parecía provenir de más de un individuo. El chico supuso que esto pudiera haber sido útil en la evolución pero ahora solamente resultaba gracioso no poder adivinar cuál de las bocas emitiría el siguiente sonido. De todas formas no era importante, ya que no entendía absolutamente ninguna palabra de lo que decían.
Cuatro habitantes de tres bocas y algunos aeroasistenciales lo escoltaban a lo largo de la pista como si se tratara de algún delincuente de máxima seguridad. Pero el chico apenas tendría unos 12 años. Después de pasar unos cuántos puestos de control, llegaron a lo que parecía la oficina central del Aeropuerto Espacial.
Los aeroasistenciales lo habían interrogado una y otra vez en Galáctico, puesto que eran unidades robóticas de alta complejidad. Sin embargo no estaban en condiciones de interpretar las respuestas del chico ya que el vocabulario en memoria era muy básico y cubría solo temas relacionados con el turismo. Podrían recomendar un buen hotel, o una excursión en Cracrigos en perfecto Galáctico, pero no podían comprender cómo o por qué el chico había llegado hasta allí en su transportador unipersonal.
Finalmente el grupo alcanzó el edificio y se detuvo ante una puerta que automáticamente se abrió tan pronto como el sensor los tuvo en su radio. El Aeroasistencial más viejo señaló el mostrador de recepción como indicando que el niño debía ir por ese camino. No existe posibilidad de escapar aquí tampoco, pensó.
La cracriguiana levantó la vista para ver el que sigue. Sus treinta ojos parecieron sorprenderse al ver a un Gaiano. “Cre-cro-cra, cre-que cro cro cri que cro cromsa?”, le dijo.
El chico se acercó sabiéndose el destinatario de la pregunta pero sin haberlo comprendido. “Perdón pero no hablo crácrila”, se escuchó su tímida voz en Galáctico del Norte.
“¿Cridigame crusu cronombre y crodónde creprocede? Crese crerequiere cridentificación crapara cringresar cro cra cralguno crede crusus crafamiliares."
Cada cra-cre-cri salía de una boca distinta y a pesar del esfuerzo de la cracriguiana por hablar en Galáctico, el chico apenas entendió algo sobre su nombre y los documentos.
“No tengo documentos. Mi nombre es Alan, soy de Gaiaterra y mi transportador se averió en su atmósfera. No tengo cómo regresar.”
“Crallamaré cra crala cropolicía crinterestelar. Credeberán crellevarlo crede creregreso cry crolos crocostos creserán cra cracargo crede crusu crafamilia. Crono crupuede crepermanecer creen Cracrigos crisin cridentificación.”
Parado frente a ese mostrador reflexionó que tampoco tenía demasiadas opciones, los aeroasistenciales impedirían cualquier movimiento que hiciera y no tenía verdaderamente manera de salir de allí.
Alan también sabía que no habría familia en Gaiaterra que lo reconociera. El era de Fillis, la tercera colonia solar. La policía interestelar lo volvería a poner en manos militares de las cuales se había escapado y él no estaba dispuesto a unirse a ningún ejército, ni a la esclavitud. Esas eran sus opciones. Si pudiera llegar a Gaiaterra al menos podría buscar asilo de niños. Aunque ya no soy un niño, pensó para sí.
“Crimientras cratanto craguarde cren crala crasala”, dijo la recepcionista señalando una puerta.
Al girar en sus talones, un grupo de cracriguianos lo observaba con atención.
Se aventuró a la puerta señalada y supo que uno de los individuos lo seguía, mientras que los otros tres se dispersaban en el lugar. Algo está mal, lo presentía. Tan pronto como atravesó la puerta, se oyó un gran estruendo en la recepción.
continuará
Tal como él había visto en los libros ilustrados, los cracriguianos poseían unos treinta ojos el extremo superior de su cuerpo. Si observaban hacia el Norte, parecían ser capaces de ver completamente el Este y el Oeste en la misma visión. Pero lo que más impactaba eran las tres largas bocas dispuestas al final de lo que parecían ser sus caras, si era posible darle ese nombre a esa parte del cuerpo. Utilizaban una boca para cada palabra de manera de que el sonido parecía provenir de más de un individuo. El chico supuso que esto pudiera haber sido útil en la evolución pero ahora solamente resultaba gracioso no poder adivinar cuál de las bocas emitiría el siguiente sonido. De todas formas no era importante, ya que no entendía absolutamente ninguna palabra de lo que decían.
Cuatro habitantes de tres bocas y algunos aeroasistenciales lo escoltaban a lo largo de la pista como si se tratara de algún delincuente de máxima seguridad. Pero el chico apenas tendría unos 12 años. Después de pasar unos cuántos puestos de control, llegaron a lo que parecía la oficina central del Aeropuerto Espacial.
Los aeroasistenciales lo habían interrogado una y otra vez en Galáctico, puesto que eran unidades robóticas de alta complejidad. Sin embargo no estaban en condiciones de interpretar las respuestas del chico ya que el vocabulario en memoria era muy básico y cubría solo temas relacionados con el turismo. Podrían recomendar un buen hotel, o una excursión en Cracrigos en perfecto Galáctico, pero no podían comprender cómo o por qué el chico había llegado hasta allí en su transportador unipersonal.
Finalmente el grupo alcanzó el edificio y se detuvo ante una puerta que automáticamente se abrió tan pronto como el sensor los tuvo en su radio. El Aeroasistencial más viejo señaló el mostrador de recepción como indicando que el niño debía ir por ese camino. No existe posibilidad de escapar aquí tampoco, pensó.
La cracriguiana levantó la vista para ver el que sigue. Sus treinta ojos parecieron sorprenderse al ver a un Gaiano. “Cre-cro-cra, cre-que cro cro cri que cro cromsa?”, le dijo.
El chico se acercó sabiéndose el destinatario de la pregunta pero sin haberlo comprendido. “Perdón pero no hablo crácrila”, se escuchó su tímida voz en Galáctico del Norte.
“¿Cridigame crusu cronombre y crodónde creprocede? Crese crerequiere cridentificación crapara cringresar cro cra cralguno crede crusus crafamiliares."
Cada cra-cre-cri salía de una boca distinta y a pesar del esfuerzo de la cracriguiana por hablar en Galáctico, el chico apenas entendió algo sobre su nombre y los documentos.
“No tengo documentos. Mi nombre es Alan, soy de Gaiaterra y mi transportador se averió en su atmósfera. No tengo cómo regresar.”
“Crallamaré cra crala cropolicía crinterestelar. Credeberán crellevarlo crede creregreso cry crolos crocostos creserán cra cracargo crede crusu crafamilia. Crono crupuede crepermanecer creen Cracrigos crisin cridentificación.”
Parado frente a ese mostrador reflexionó que tampoco tenía demasiadas opciones, los aeroasistenciales impedirían cualquier movimiento que hiciera y no tenía verdaderamente manera de salir de allí.
Alan también sabía que no habría familia en Gaiaterra que lo reconociera. El era de Fillis, la tercera colonia solar. La policía interestelar lo volvería a poner en manos militares de las cuales se había escapado y él no estaba dispuesto a unirse a ningún ejército, ni a la esclavitud. Esas eran sus opciones. Si pudiera llegar a Gaiaterra al menos podría buscar asilo de niños. Aunque ya no soy un niño, pensó para sí.
“Crimientras cratanto craguarde cren crala crasala”, dijo la recepcionista señalando una puerta.
Al girar en sus talones, un grupo de cracriguianos lo observaba con atención.
Se aventuró a la puerta señalada y supo que uno de los individuos lo seguía, mientras que los otros tres se dispersaban en el lugar. Algo está mal, lo presentía. Tan pronto como atravesó la puerta, se oyó un gran estruendo en la recepción.
continuará
lunes, 25 de febrero de 2013
Mirada de estrellas
Acomodo mi cama bajo las estrellas. Uno de los momentos más bellos del día ha llegado, paradójicamente, la noche.
Me acuesto en mi colchón y le doy forma a mi almohada de manera que mi cuello pueda relajarse y mi cabeza quede perfectamente alineada con el Este terrícola.
En un intento de conectarme con el medio que me rodea trato de sentir el movimiento. Me concentro en mi espalda en búsqueda de alguna sensación de desplazamiento, algún efecto de ese giro lento y continuo. Pero se me hace imposible. Por suerte la caída del sol y el avance de los astros en el cielo me indica que indefectiblemente mi cuerpo relajado acompaña el avance de esta nave Tierra que gira y gira alrededor de su eje, llevándonos a cuestas.
Arriba, una inmensidad de brillos de diferentes tamaños. Observo las estrellas con cuidado, comparándolas con las que recuerdo haber visto ayer a esa misma hora.
Y me detengo … ¿Las observo? ¿O ellas me observan a mí? No sé, soy tan minúscula en este entorno que dudo que estén viéndome, pero quién sabe?
Tamaños diferentes, incluso a simple vista detecto colores diferentes. Depende de la sensibilidad del observador, aunque pensándolo bien todo depende de la sensibilidad del observador.
Parecen desordenadas. ¿U ordenadas? No estoy segura de creer en tal cosa como el “orden natural”. Me gusta pensarlas “magistralmente desordenadas” en este caso. Me gusta el desorden, el desparejo, el sin reglas. El “orden natural” me da miedo, me suena a encierro consensuado.
Antiguas, si. Ay! Me detengo a pensar que nuestros antepasados vieron ESAS mismas estrellas. Imagino a Pitágoras 2500 años atrás escudriñando el cielo como yo. Otras fueron sus estrellas en el hemisferio Norte. Imagino nuestros aborígenes del Sur, mirando estas mismas estrellas en sus ratos libres. Y si ellas nos observan, son las mismas que han visto también a nuestros dinosaurios. Y antes, y antes del antes. Imponente.
A millones de años luz, quién sabe qué antigüedad tengan y cuántos milenios más van a durar. Más insignificante me siento con mi vida promedio de 100 años. Debe haber más que una vida, sino, ¿para qué y para quién duran las estrellas tanto tiempo?
Son hermosas. Su tenue luz permite ver las montañas, apenas un recorte negro en el fondo de la imagen bordeado por el oscuro azulado del cielo de medianoche. Combina perfecto con el arrullo de las pequeñas olas del lago sobre las piedras y los grillos incansables.
En la comodidad de mi cama, con sábanas limpias, abrigo y almohada, pero sin techo, encuentro la felicidad. La felicidad ESTÁ sin duda presente, en formas que todavía no nos es posible medir, pero si sentir.
Noche tras noche me sorprendo con sonidos del monte, me acurruco en la naturaleza y cuento estrellas durante largo rato. El sueño entra suave en mis sentidos y es el sol el que correteando el girar de la tierra, me despierta lentamente y sin preocupaciones.
Acostumbro a tratar de recordar mis sueños los primeros segundos de vigilia, el único momento en que me es posible hacerlo. Razono que, durante las vacaciones, el orden se altera: Lo que normalmente es "responsabilidad durante el día", y sueños liberados de noche, aquí se invierte: sueño con responsabilidades mientras que durante el día no tengo ninguna. Extraño. Como si las preocupaciones tuvieran que ocupar su lugar, algún lugar.
Me retuerzo un poquito más en mi cama y disfruto del paisaje. Con el sol unos metros sobre el horizonte en línea exacta del Este, el lago se hace verde esmeralda intenso, el cielo azul celeste y las montañas se separan a ambos lados con sus tonos rojizos y pálidos marrones. Y las olitas siguen saludando.
Más tarde preparo mi mate y bajo al muelle en soledad. Miro el horizonte, razono mil cosas más, observo los bichitos. Qué pequeños.
martes, 4 de diciembre de 2012
Me iré
“Al final me iréééé…” dice una canción de Ale…
Resuena en mi cabeza… Sé que me voy a ir, al final, algo adentro que me lo pide a gritos.
Será que me haré ermitaña, me escapo a una casa de campo, y que me vengan a visitar algún día el que quiera venir… O me dedicaré a viajar por ahí, errante… O me enfermaré eternamente como mi abuelo… y finalmente moriré por mi debilidad… O me meteré adentro mío, como mi padre, que está, pero no está…
“…de tantas formas diferentes…” sigue la canción.
Tanta gente mirándome a mi en vez de mirar a dónde ir, esperando indicaciones… Cómo gritarles que es “golpe a golpe”, que no hay "recetas". No hay carteles indicadores.
Y yo –nacida con los mismos derechos y obligaciones- por qué tengo que saber a dónde ir?
Estoy cansada. Seré libre
“...aunque le duela al universo”
Resuena en mi cabeza… Sé que me voy a ir, al final, algo adentro que me lo pide a gritos.
Será que me haré ermitaña, me escapo a una casa de campo, y que me vengan a visitar algún día el que quiera venir… O me dedicaré a viajar por ahí, errante… O me enfermaré eternamente como mi abuelo… y finalmente moriré por mi debilidad… O me meteré adentro mío, como mi padre, que está, pero no está…
“…de tantas formas diferentes…” sigue la canción.
Tanta gente mirándome a mi en vez de mirar a dónde ir, esperando indicaciones… Cómo gritarles que es “golpe a golpe”, que no hay "recetas". No hay carteles indicadores.
Y yo –nacida con los mismos derechos y obligaciones- por qué tengo que saber a dónde ir?
Estoy cansada. Seré libre
“...aunque le duela al universo”
jueves, 15 de noviembre de 2012
Superhéroes
SUPERHÉROES
Llegaba tarde y no era la primera vez. Como tantas otras veces iba ejercitando en su mente las posibles excusas que podría aducir pero todas le parecían repetidas o demasiado inverosímiles para que su voz sonara creíble y no dejara notar la mentira. Seguramente haría como tantas veces, practicar las palabras con las que mentiría de nuevo, y al llegar apenas aseguraría un “me atrasé”, diciéndose a sí misma en su interior que no había ninguna razón para dar explicaciones.
Pero al salir del subte ocurrió algo extraordinario, y aunque como excusa era genial, iba a sonar mucho más increíble que las imaginadas. Chocó de frente con un hombre joven que se atravesó en su camino. Fue en cuestión de segundos así que ninguno logró saber qué había pasado realmente.
Lo cierto es que terminaron sentados en el piso mirándose. En eso la chicharra del subte los despabiló de la sorpresa que aún los capturaba. Se pararon tratando de juntar sus cosas, el hombre caballero le tendió una mano amiga para ayudarla a levantarse y luego se alisaron la ropa un poco avergonzados. A esa altura la chica ya estaba pensando que la cara del joven le resultaba muy conocida… Y sabiéndose muy mala fisonomista, renunció casi de inmediato a saber de dónde. Pero él se presentó espontáneamente: -“Hola, encantado soy Emiliano Márquez, y te pido disculpas”. Esta vez si que la mujer no supo que decir. Tardó unos cuantos segundos en balbucear algo así como, -“Cari, me llamo Carina Salto”. A continuación, lo único que se le ocurrió preguntar es, “pero qué hacés en el subte?” Lo había tuteado en la pregunta, un poco habilitada porque él la había tuteado a ella, o por la edad, quizás. No era posible tratar de Ud. a un hombre que se veía tan joven…
Por supuesto traía peluca y eso, junto con la inusual indumentaria deportiva, lo hacía difícil de reconocer. -“Tampoco es que uno mire al Presidente en persona todos los días, pero de todas formas algo deben hacer en cámara para que se vea tan diferente y conservar el anonimato” pensó ella. Aquí en vivo y en directo, después de haberse chocado fuertemente, el hombre y la situación eran como un sueño.
-“Me ocupo de ver cómo vive la gente.” Respondió el Presidente como si nada pasara. “De paso descanso mi mente y doy un paseo. En serio, perdón por el golpe, fue durísimo…”
Por alguna razón se pusieron a caminar a la par. Ella hubiera jurado que habían chocado porque él estaba tratando de entrar en el subte cuando ella intentaba salir, ambos apurados, pero se abstuvo de hacer cualquier comentario, ya que podría hacer que la charla terminara abruptamente.
La mente iba a diez mil por hora, trataba de pensar qué decir, y descartaba la mayoría de sus frases por inadecuadas, previsibles o directamente tontas. ¿¡Qué se le dice a un Presidente!?
Al fin le salió un: -“No sé nada de política…, pero me parece bárbaro! Jamás lo hubiera pensado”, con la vista fija en el piso a medida que avanzaban. No se atrevió a mirarlo de nuevo, porque a esta altura ya se había dado cuenta de que el la inhibía profundamente. Y no porque fuera Presidente, aunque eso de verdad lo cambiaba todo.
-“Los asesores tampoco se entusiasman en mezclarse con la gente, así que sus informes son muchas veces incompletos, la mayoría teñidos de intereses personales. Yo prefiero mi propia vista y mi criterio. Si he de tomar decisiones al menos será en base a una realidad que vi, y no que me hayan contado.”
De nuevo el silencio… los pasos sonaban sobre el asfalto mientras cruzaban la calle. –“ Se me ocurre que puede ser peligroso que te reconozcan…”, dijo, mientras pensaba “no no no, eso no era lo que quería decir!”, y se arrepentía de haber abierto la boca.
Carina era una persona que sabía enfrentar cualquier situación y solía encontrar las palabras justas. Estaba acostumbrada a expresar lo que quería y a anticiparse a las posibles respuestas. Pues esta no era una de esas veces, y aprendió a sentirse incómoda por primera vez. Por eso su cabeza dijo “Basta! Tratalo como a un igual”, se dijo a si misma, “es muy probable que él valore eso”.
-“Peligros hay siempre, pero confío en ser una persona común al menos por algunos ratos. Vas a algún lugar? ¿Te estoy demorando?”, preguntó el Presidente.
-“Iba a trabajar”, y de nuevo corrigió, “pero no creo que sea tan importante como hablar con el P…” Se abstuvo de decir la última palabra. Por un segundo pensó en que cualquiera podría estar escuchando la conversación.
-“Ya que estamos y nos hemos encontrado de esta forma tan… particular, me gustaría saber tu opinión sobre algunas cosas, te molestaría? Solo necesitaría que fueras sincera”.
“ Sincera es mi segundo nombre” pensó ella, pero se abstuvo de decir semejante pavada. “Por supuesto. Me encantaría”, dijo en su lugar.
-“ Sentémonos por ahí, o preferís ir a algún lugar en especial?”
En ese momento pensó muchas cosas, si no fuera el Presidente estaría sintiéndose seducida, pero con el tono de voz que usó, y la manera en que lo dijo, la charla estaba claro que sería amistosa.
-“Donde quieras”, dijo. Y lo siguió.
Doblaron unas cuántas cuadras conversando y llegaron hasta una librería-biblioteca en cuyo fondo encontraron unas mesas y pudieron pedir un café. En ese momento él ya sabía a qué se dedicaba y cómo estaba compuesta su familia. También que ella no lo había votado en las últimas elecciones, y que los candidatos que había elegido nunca habían triunfado en sus candidaturas. Ni siquiera se acordaba realmente de sus elecciones pasadas. No atendía demasiado a los tejidos políticos. Lejos de alterarlo esto lo animó, cansado de verse rodeado de personas aduladoras de su entorno, encontrarse y charlar con una perfecta desconocida lo alegró.
Ella a su vez, sentía que volaba en una situación completamente inusual. Estaba increíblemente feliz, no sabía si por descubrir que el Presidente era una persona valiosa, por ser elegida para ser escuchada o simplemente porque la conversación era agradable, con una persona común. No podía distinguir sus verdaderos sentimientos, pero lo cierto es que disfrutaba cada segundo de conversación.
-“Y sobre los problemas que tenemos, qué orden de prioridad pondrías para la solución? ¿Cuál te parece que es el peor de todos nuestros problemas?”, preguntaba él.
-“Yo te voy a contestar obviamente en base a lo que me rodea, que puede no ser lo más importante. Para mí, lo que a mi corazón más le duele todos los días, es la situación de los chiquitos del subte… Puede no ser lo más crítico, pero sufro cada vez que los veo pedir, y siempre pienso por qué nadie se ocupa de ellos”, dijo, sintiendo que quizás sonara a acusación.
-“Sin duda, veo que tu nivel de sensibilidad es alto. Es una preocupación que yo tengo también. El entramado social que hay detrás de esa ayuda es complejo, pero sin duda lo vamos a resolver un día”.
Respiró aliviada, a esta altura no quería ofenderlo, y tampoco le hubiera gustado una respuesta del tipo ”Votame, yo soy la solución”. La respuesta de alguna manera implicaba que estaban trabajando en eso, y eso la puso contenta.
-“¿Alguna vez se te ocurrió pensar qué harías si fueras Presidente? Algunas personas se lo plantean al menos una vez en su vida.”
-“No, de verdad. Nunca hice ese ejercicio. Y no se por qué, ya que soy una persona que siempre está pensando un millón de cosas e imaginándome cualquier situación. Pero por alguna razón nunca me vi como Presidente de nadie. Lo siento…”, dijo suavemente.
-“No te disculpes, está bien. Muchas personas dicen si fueran Presidente harían tal o cual cosa pero casi nunca es viable la solución. Por lo que veo te ajustás mucho a lo verdaderamente realista. Debe ser por eso.”
Carina tuvo en ese momento un efecto dejá vú increíblemente vívido, que la hizo temblar. Tuvo la terrible sensación de que ese café ya había tenido lugar, en el pasado, o en alguna otra dimensión… Como sea, se acordó de algo y sabía que era el momento de expresarlo. Buscó las palabras unos segundos y se atrevió a decir:
-“Sin embargo, un día soñé algo… extraño. “ No pudo mencionar que era un dejá vu y prefirió creer que siempre se trata de los sueños.
-“Soñé que me daban la oportunidad de proponer ideas o soluciones a los problemas del país. Tiene que ver con los superhéroes…” Y venciendo la sensación de que el podría creer que estaba hablando tonterías, siguió hablando.
De repente se conectó con su deseo de que el mundo sea un mejor lugar para todos, independientemente del país y comenzó a exponer sus teorías de paz en forma un tanto desordenada. Comentó la necesitad de recuperar los valores y la idea de que son las personas las que verdaderamente hacen los cambios. La charla, que ya venía siendo interesante y agradable, se fue transformando en algo creativo. Intercambiaron ideas, en las que coincidían. La visión del ser humano comprometido con el bienestar de los demás y su conexión con la tierra. Incluso sobre el efecto del homo consumus sobre el planeta, que parecía ser imposible de revertir, ambos coincidían en que el homo reciclus terminaría dominándolo. Y había manera de colaborar con todo ello.
-“Bueno, entonces contame eso de los superhéroes…”
-“Bueno, en mi imaginación, o quizás ilusión, me imagino que existen personas que son un ejemplo para la sociedad, desde sus pequeños lugares. No los grandes, sino la gente común que hace más de lo que es requerido. Y sobre todo que están en búsqueda de cómo colaborar aún más en sus respectivos ámbitos. Un médico solidario en fronteras, una maestra que enseña a más chicos en sus horas libres, una enfermera ad-honorem, aquel empleado que se ofrece espontáneamente para capacitar a alguien en la empresa o para colaborar en recursos humanos para mejorar aunque solo sea el clima de trabajo. Los científicos que hacen descubrimientos orientados a la solución de problemas del mundo. Alguna abuela que va periódicamente a la biblioteca a leerle cuentos a niños o discapacitados. Hay en cada uno de ellos un héroe que puede tender redes de ayuda más fuertes si les damos apoyo.”
-“Si, pero cómo lo harías?!”
-“No se bien qué herramientas se podrían utilizar, pero mi idea se basa en “activarlos”. Básicamente que sigan haciendo lo que de todas maneras hacen cada día, pero reconocerles su aporte e incentivarlos a que se animen a más y que de vez en cuando hagan un informe simple. En mi imaginación pienso que se puede adicionar a su sueldo normal un concepto extraordinario, directo desde la presidencia. Algo así como “reconocimiento por pequeñas-grandes hazañas”. No sería demasiado en dinero, no me imagino que sea visto como un beneficio económico, sino que para este tipo de gente solo el reconocimiento y el apoyo para seguir, bastaría. Finalmente esa gente tiende a aportar también ese dinero a las causas con las que se sienten involucrados de manera que vuelve a la sociedad convertido en pequeñas grandes obras, con mucho valor agregado.” Carina estaba entusiasmada. El Presidente la escuchaba con atención y se notaba que analizaba las factibilidades con velocidad.
-“Vos decís activar personas comunes para que se animen a ampliar su accionar del día a día a actividades socialmente responsables. Pienso que conseguirían tener un gran efecto.”
-“Si, serían como Superhéroes, pero humanos y de verdad. Claro que el esfuerzo económico y todo eso tendría que analizarse”, agregó la chica que a esta altura ya creía en los imposibles.
-“Tengo un equipo para análisis de factibilidad. Lo complejo es identificar los Superhéroes verdaderos, no equivocarnos en esas elecciones.”
Ambos quedaron callados, viéndose de frente a la verdadera dificultad.
Compartieron un rato más ese silencio que los hizo mirarse a los ojos unos segundos. El Presidente se puso de pie y le mostró la mano en señal de despedida.
-“Me encantaron tus ideas, fue una suerte haberte encontrado. Espero que nos volvamos a ver algún día…”
-“Claro, cuando quieras”, respondió sin atreverse a contrariarlo impidiendo que se vaya.
-“Nos veremos con seguridad. Gracias por todo.”
Y con tristeza en la voz, ella respondió un “Gracias a vos” que el ya escuchó de espaldas mientras se alejaba.
Todavía no podía salir de su sorpresa. Tenía sensación de que todo había sido un sueño. No se preocupó por ir ya a ningún lado, se fue directo a su casa, completamente descolocada por el encuentro.
Con el tiempo llegó a pensar que aquello había sido simplemente un sueño. Uno de sus mejores sueños sin dudas, y tan real que era imposible no rememorarlo. Pero un sueño al fin. Le gustaba recordar cada uno de los detalles de lo conversado. Seguía las actividades del Presidente con interés, incluso se había dado de alta en redes sociales para estar más informada. Habían pasado casi dos meses y ya se había acostumbrado a pensar que seguramente Emiliano (como le gustaba llamarlo para sus adentros) no la recordaría ya.
Bajaba corriendo por las escaleras para ganarle unos segundos a los tiempos del ascensor y poder llegar al subte de las 8:30 cuando descubrió un sobre de Presidencia sobre la mesa de la recepción del edificio. Lo abrió luego de constatar que estaba efectivamente dirigido a ella y leyó las primeras líneas con una felicidad inigualable:
Estimado Ciudadano:
En el marco de la implementación del Proyecto “Pequeñas-Grandes Hazañas” queremos distinguirlo con un título de Colaborador Especial y reconocer sus aportes solidarios a la comunidad. El proyecto destina fondos para incentivar las mejores acciones de las personas en el ámbito en que se desarrollan y con el tiempo lograr cambios positivos.
En base a sus cualidades personales queremos que se sume a nuestro equipo de selección de los beneficiarios de los reconocimientos… a los que hemos decidido llamar Superhéroes…
Las lágrimas no le permitieron leer el resto.
---- continuará
Llegaba tarde y no era la primera vez. Como tantas otras veces iba ejercitando en su mente las posibles excusas que podría aducir pero todas le parecían repetidas o demasiado inverosímiles para que su voz sonara creíble y no dejara notar la mentira. Seguramente haría como tantas veces, practicar las palabras con las que mentiría de nuevo, y al llegar apenas aseguraría un “me atrasé”, diciéndose a sí misma en su interior que no había ninguna razón para dar explicaciones.
Pero al salir del subte ocurrió algo extraordinario, y aunque como excusa era genial, iba a sonar mucho más increíble que las imaginadas. Chocó de frente con un hombre joven que se atravesó en su camino. Fue en cuestión de segundos así que ninguno logró saber qué había pasado realmente.
Lo cierto es que terminaron sentados en el piso mirándose. En eso la chicharra del subte los despabiló de la sorpresa que aún los capturaba. Se pararon tratando de juntar sus cosas, el hombre caballero le tendió una mano amiga para ayudarla a levantarse y luego se alisaron la ropa un poco avergonzados. A esa altura la chica ya estaba pensando que la cara del joven le resultaba muy conocida… Y sabiéndose muy mala fisonomista, renunció casi de inmediato a saber de dónde. Pero él se presentó espontáneamente: -“Hola, encantado soy Emiliano Márquez, y te pido disculpas”. Esta vez si que la mujer no supo que decir. Tardó unos cuantos segundos en balbucear algo así como, -“Cari, me llamo Carina Salto”. A continuación, lo único que se le ocurrió preguntar es, “pero qué hacés en el subte?” Lo había tuteado en la pregunta, un poco habilitada porque él la había tuteado a ella, o por la edad, quizás. No era posible tratar de Ud. a un hombre que se veía tan joven…
Por supuesto traía peluca y eso, junto con la inusual indumentaria deportiva, lo hacía difícil de reconocer. -“Tampoco es que uno mire al Presidente en persona todos los días, pero de todas formas algo deben hacer en cámara para que se vea tan diferente y conservar el anonimato” pensó ella. Aquí en vivo y en directo, después de haberse chocado fuertemente, el hombre y la situación eran como un sueño.
-“Me ocupo de ver cómo vive la gente.” Respondió el Presidente como si nada pasara. “De paso descanso mi mente y doy un paseo. En serio, perdón por el golpe, fue durísimo…”
Por alguna razón se pusieron a caminar a la par. Ella hubiera jurado que habían chocado porque él estaba tratando de entrar en el subte cuando ella intentaba salir, ambos apurados, pero se abstuvo de hacer cualquier comentario, ya que podría hacer que la charla terminara abruptamente.
La mente iba a diez mil por hora, trataba de pensar qué decir, y descartaba la mayoría de sus frases por inadecuadas, previsibles o directamente tontas. ¿¡Qué se le dice a un Presidente!?
Al fin le salió un: -“No sé nada de política…, pero me parece bárbaro! Jamás lo hubiera pensado”, con la vista fija en el piso a medida que avanzaban. No se atrevió a mirarlo de nuevo, porque a esta altura ya se había dado cuenta de que el la inhibía profundamente. Y no porque fuera Presidente, aunque eso de verdad lo cambiaba todo.
-“Los asesores tampoco se entusiasman en mezclarse con la gente, así que sus informes son muchas veces incompletos, la mayoría teñidos de intereses personales. Yo prefiero mi propia vista y mi criterio. Si he de tomar decisiones al menos será en base a una realidad que vi, y no que me hayan contado.”
De nuevo el silencio… los pasos sonaban sobre el asfalto mientras cruzaban la calle. –“ Se me ocurre que puede ser peligroso que te reconozcan…”, dijo, mientras pensaba “no no no, eso no era lo que quería decir!”, y se arrepentía de haber abierto la boca.
Carina era una persona que sabía enfrentar cualquier situación y solía encontrar las palabras justas. Estaba acostumbrada a expresar lo que quería y a anticiparse a las posibles respuestas. Pues esta no era una de esas veces, y aprendió a sentirse incómoda por primera vez. Por eso su cabeza dijo “Basta! Tratalo como a un igual”, se dijo a si misma, “es muy probable que él valore eso”.
-“Peligros hay siempre, pero confío en ser una persona común al menos por algunos ratos. Vas a algún lugar? ¿Te estoy demorando?”, preguntó el Presidente.
-“Iba a trabajar”, y de nuevo corrigió, “pero no creo que sea tan importante como hablar con el P…” Se abstuvo de decir la última palabra. Por un segundo pensó en que cualquiera podría estar escuchando la conversación.
-“Ya que estamos y nos hemos encontrado de esta forma tan… particular, me gustaría saber tu opinión sobre algunas cosas, te molestaría? Solo necesitaría que fueras sincera”.
“ Sincera es mi segundo nombre” pensó ella, pero se abstuvo de decir semejante pavada. “Por supuesto. Me encantaría”, dijo en su lugar.
-“ Sentémonos por ahí, o preferís ir a algún lugar en especial?”
En ese momento pensó muchas cosas, si no fuera el Presidente estaría sintiéndose seducida, pero con el tono de voz que usó, y la manera en que lo dijo, la charla estaba claro que sería amistosa.
-“Donde quieras”, dijo. Y lo siguió.
Doblaron unas cuántas cuadras conversando y llegaron hasta una librería-biblioteca en cuyo fondo encontraron unas mesas y pudieron pedir un café. En ese momento él ya sabía a qué se dedicaba y cómo estaba compuesta su familia. También que ella no lo había votado en las últimas elecciones, y que los candidatos que había elegido nunca habían triunfado en sus candidaturas. Ni siquiera se acordaba realmente de sus elecciones pasadas. No atendía demasiado a los tejidos políticos. Lejos de alterarlo esto lo animó, cansado de verse rodeado de personas aduladoras de su entorno, encontrarse y charlar con una perfecta desconocida lo alegró.
Ella a su vez, sentía que volaba en una situación completamente inusual. Estaba increíblemente feliz, no sabía si por descubrir que el Presidente era una persona valiosa, por ser elegida para ser escuchada o simplemente porque la conversación era agradable, con una persona común. No podía distinguir sus verdaderos sentimientos, pero lo cierto es que disfrutaba cada segundo de conversación.
-“Y sobre los problemas que tenemos, qué orden de prioridad pondrías para la solución? ¿Cuál te parece que es el peor de todos nuestros problemas?”, preguntaba él.
-“Yo te voy a contestar obviamente en base a lo que me rodea, que puede no ser lo más importante. Para mí, lo que a mi corazón más le duele todos los días, es la situación de los chiquitos del subte… Puede no ser lo más crítico, pero sufro cada vez que los veo pedir, y siempre pienso por qué nadie se ocupa de ellos”, dijo, sintiendo que quizás sonara a acusación.
-“Sin duda, veo que tu nivel de sensibilidad es alto. Es una preocupación que yo tengo también. El entramado social que hay detrás de esa ayuda es complejo, pero sin duda lo vamos a resolver un día”.
Respiró aliviada, a esta altura no quería ofenderlo, y tampoco le hubiera gustado una respuesta del tipo ”Votame, yo soy la solución”. La respuesta de alguna manera implicaba que estaban trabajando en eso, y eso la puso contenta.
-“¿Alguna vez se te ocurrió pensar qué harías si fueras Presidente? Algunas personas se lo plantean al menos una vez en su vida.”
-“No, de verdad. Nunca hice ese ejercicio. Y no se por qué, ya que soy una persona que siempre está pensando un millón de cosas e imaginándome cualquier situación. Pero por alguna razón nunca me vi como Presidente de nadie. Lo siento…”, dijo suavemente.
-“No te disculpes, está bien. Muchas personas dicen si fueran Presidente harían tal o cual cosa pero casi nunca es viable la solución. Por lo que veo te ajustás mucho a lo verdaderamente realista. Debe ser por eso.”
Carina tuvo en ese momento un efecto dejá vú increíblemente vívido, que la hizo temblar. Tuvo la terrible sensación de que ese café ya había tenido lugar, en el pasado, o en alguna otra dimensión… Como sea, se acordó de algo y sabía que era el momento de expresarlo. Buscó las palabras unos segundos y se atrevió a decir:
-“Sin embargo, un día soñé algo… extraño. “ No pudo mencionar que era un dejá vu y prefirió creer que siempre se trata de los sueños.
-“Soñé que me daban la oportunidad de proponer ideas o soluciones a los problemas del país. Tiene que ver con los superhéroes…” Y venciendo la sensación de que el podría creer que estaba hablando tonterías, siguió hablando.
De repente se conectó con su deseo de que el mundo sea un mejor lugar para todos, independientemente del país y comenzó a exponer sus teorías de paz en forma un tanto desordenada. Comentó la necesitad de recuperar los valores y la idea de que son las personas las que verdaderamente hacen los cambios. La charla, que ya venía siendo interesante y agradable, se fue transformando en algo creativo. Intercambiaron ideas, en las que coincidían. La visión del ser humano comprometido con el bienestar de los demás y su conexión con la tierra. Incluso sobre el efecto del homo consumus sobre el planeta, que parecía ser imposible de revertir, ambos coincidían en que el homo reciclus terminaría dominándolo. Y había manera de colaborar con todo ello.
-“Bueno, entonces contame eso de los superhéroes…”
-“Bueno, en mi imaginación, o quizás ilusión, me imagino que existen personas que son un ejemplo para la sociedad, desde sus pequeños lugares. No los grandes, sino la gente común que hace más de lo que es requerido. Y sobre todo que están en búsqueda de cómo colaborar aún más en sus respectivos ámbitos. Un médico solidario en fronteras, una maestra que enseña a más chicos en sus horas libres, una enfermera ad-honorem, aquel empleado que se ofrece espontáneamente para capacitar a alguien en la empresa o para colaborar en recursos humanos para mejorar aunque solo sea el clima de trabajo. Los científicos que hacen descubrimientos orientados a la solución de problemas del mundo. Alguna abuela que va periódicamente a la biblioteca a leerle cuentos a niños o discapacitados. Hay en cada uno de ellos un héroe que puede tender redes de ayuda más fuertes si les damos apoyo.”
-“Si, pero cómo lo harías?!”
-“No se bien qué herramientas se podrían utilizar, pero mi idea se basa en “activarlos”. Básicamente que sigan haciendo lo que de todas maneras hacen cada día, pero reconocerles su aporte e incentivarlos a que se animen a más y que de vez en cuando hagan un informe simple. En mi imaginación pienso que se puede adicionar a su sueldo normal un concepto extraordinario, directo desde la presidencia. Algo así como “reconocimiento por pequeñas-grandes hazañas”. No sería demasiado en dinero, no me imagino que sea visto como un beneficio económico, sino que para este tipo de gente solo el reconocimiento y el apoyo para seguir, bastaría. Finalmente esa gente tiende a aportar también ese dinero a las causas con las que se sienten involucrados de manera que vuelve a la sociedad convertido en pequeñas grandes obras, con mucho valor agregado.” Carina estaba entusiasmada. El Presidente la escuchaba con atención y se notaba que analizaba las factibilidades con velocidad.
-“Vos decís activar personas comunes para que se animen a ampliar su accionar del día a día a actividades socialmente responsables. Pienso que conseguirían tener un gran efecto.”
-“Si, serían como Superhéroes, pero humanos y de verdad. Claro que el esfuerzo económico y todo eso tendría que analizarse”, agregó la chica que a esta altura ya creía en los imposibles.
-“Tengo un equipo para análisis de factibilidad. Lo complejo es identificar los Superhéroes verdaderos, no equivocarnos en esas elecciones.”
Ambos quedaron callados, viéndose de frente a la verdadera dificultad.
Compartieron un rato más ese silencio que los hizo mirarse a los ojos unos segundos. El Presidente se puso de pie y le mostró la mano en señal de despedida.
-“Me encantaron tus ideas, fue una suerte haberte encontrado. Espero que nos volvamos a ver algún día…”
-“Claro, cuando quieras”, respondió sin atreverse a contrariarlo impidiendo que se vaya.
-“Nos veremos con seguridad. Gracias por todo.”
Y con tristeza en la voz, ella respondió un “Gracias a vos” que el ya escuchó de espaldas mientras se alejaba.
Todavía no podía salir de su sorpresa. Tenía sensación de que todo había sido un sueño. No se preocupó por ir ya a ningún lado, se fue directo a su casa, completamente descolocada por el encuentro.
Con el tiempo llegó a pensar que aquello había sido simplemente un sueño. Uno de sus mejores sueños sin dudas, y tan real que era imposible no rememorarlo. Pero un sueño al fin. Le gustaba recordar cada uno de los detalles de lo conversado. Seguía las actividades del Presidente con interés, incluso se había dado de alta en redes sociales para estar más informada. Habían pasado casi dos meses y ya se había acostumbrado a pensar que seguramente Emiliano (como le gustaba llamarlo para sus adentros) no la recordaría ya.
Bajaba corriendo por las escaleras para ganarle unos segundos a los tiempos del ascensor y poder llegar al subte de las 8:30 cuando descubrió un sobre de Presidencia sobre la mesa de la recepción del edificio. Lo abrió luego de constatar que estaba efectivamente dirigido a ella y leyó las primeras líneas con una felicidad inigualable:
Estimado Ciudadano:
En el marco de la implementación del Proyecto “Pequeñas-Grandes Hazañas” queremos distinguirlo con un título de Colaborador Especial y reconocer sus aportes solidarios a la comunidad. El proyecto destina fondos para incentivar las mejores acciones de las personas en el ámbito en que se desarrollan y con el tiempo lograr cambios positivos.
En base a sus cualidades personales queremos que se sume a nuestro equipo de selección de los beneficiarios de los reconocimientos… a los que hemos decidido llamar Superhéroes…
Las lágrimas no le permitieron leer el resto.
---- continuará
Vínculos
Es increíble investigar cuán profundo llegan los vínculos. Hasta dónde estamos conectados.
Qué placentero es descubrirlo. Y´por supuesto, qué vamos a hacer con eso.
Qué placentero es descubrirlo. Y´por supuesto, qué vamos a hacer con eso.
viernes, 2 de noviembre de 2012
Lo que tenga que ser
No te olvido ni un segundo, pero este silencio me hace bien.
Reduce la presión en mi mente y suelta palabras que necesitan ser liberadas
Desarrollo interior. Paz. Espacios. Será lo que tenga que ser. Pero distinto.
Con que estés bien me alcanza, por ahora.
Sabeme bien, sabeme liberada, sabeme agradecida.
Reduce la presión en mi mente y suelta palabras que necesitan ser liberadas
Desarrollo interior. Paz. Espacios. Será lo que tenga que ser. Pero distinto.
Con que estés bien me alcanza, por ahora.
Sabeme bien, sabeme liberada, sabeme agradecida.
martes, 30 de octubre de 2012
Por momentos
Los verdes nunca son iguales,
ni parejos, ni perfectos, ni estancos,
son más bien mezclados.
El frío tibio o caliente,
las más de las veces, alternado.
El sabor agridulce, luego amargo
luego nuevo.
La paz de vez en cuando sabiduría,
por momentos abandono.
El amor a veces madre, a veces hija,
a veces solo.
El sentido
Compartir, ayudar, acompañar
y de nuevo compartir.
Un pulso de adentro hacia afuera,
dar, entregar, abarcar, sostener.
De lo pequeño a lo más grande,
de los detalles al universo
de lo efímero a lo eterno.
Pero sobre todo de adentro hacia afuera.
Agradeciendo.
Compartir. Enseñar. Colaborar.
Querer ser invisible y sentirse observada
y el temor de no ser vista, enredados.
Sin padres que observaran los logros,
y puestos a escoger, solo quedó hacerlo cada vez mejor,
crecer, subir, hacerse gigante. Pero invisible.
Acostumbrarse a construir en soledad.
Acumular, luego mostrar y claro, compartir.
Compartir, porque sobra. Compartir, para mostrar.
Mostrar para descubrir,
y ser descubierta.
Mirame.
Es que la raíz no se ve en la superficie,
pero calladamente determina el paisaje.
Dar, ceder, entregar. Crecer.
Gigante. Quizas inabarcable. Seguro inalcanzable.
Incomprendida. Perdida y asustada.
Compartir por el propósito. Compartir por ayudar.
Compartir para estar acompañada.
Acompañando.
Todo tiene sentido
y de nuevo compartir.
Un pulso de adentro hacia afuera,
dar, entregar, abarcar, sostener.
De lo pequeño a lo más grande,
de los detalles al universo
de lo efímero a lo eterno.
Pero sobre todo de adentro hacia afuera.
Agradeciendo.
Compartir. Enseñar. Colaborar.
Querer ser invisible y sentirse observada
y el temor de no ser vista, enredados.
Sin padres que observaran los logros,
y puestos a escoger, solo quedó hacerlo cada vez mejor,
crecer, subir, hacerse gigante. Pero invisible.
Acostumbrarse a construir en soledad.
Acumular, luego mostrar y claro, compartir.
Compartir, porque sobra. Compartir, para mostrar.
Mostrar para descubrir,
y ser descubierta.
Mirame.
Es que la raíz no se ve en la superficie,
pero calladamente determina el paisaje.
Dar, ceder, entregar. Crecer.
Gigante. Quizas inabarcable. Seguro inalcanzable.
Incomprendida. Perdida y asustada.
Compartir por el propósito. Compartir por ayudar.
Compartir para estar acompañada.
Acompañando.
Todo tiene sentido
jueves, 11 de octubre de 2012
Lo Indecible
De mi visita a las cataratas a la luz de la luna, -muy recomendable y muy inspirador- surgió este poema, un intento por explicar las emociones y lo pequeñísima que me sentí. Lo revisamos en el taller de escritura y espero que logre transmitir con palabras, las imágenes y las sensaciones.
Lo indecible
La luna achanchada sobre el horizonte
- que en esa latitud es un río o una selva, o "el más allá", quién sabe?-
observa nuestra pequeñez,
a pie en pasarelas encantadas.
En la noche, allí donde -aún acompañada- estás a solas,
mil ojos parecen observarnos, o ninguno.
La sensibilidad hasta lo indecible,
-ausente la luz- se despiertan los demás sentidos.
Los montes recortan la verde oscuridad,
y las aguas pacientemente nos ven pasar.
Las texturas de los pasamanos de madera, de alguna forma
nos aseguran que la evolución del hombre es a oscuras.
Ruidos de la selva y enigmáticos aromas
de un septiembre de orquídeas y magnolias,
resuenan el cantar del río,
con el sentir profundo de los lechos de arena.
Al llegar al final, la pasarela
de frente a la majestuosidad indescriptible:
una garganta tragando un trueno de agua y
un horizonte dibujado en árboles negros.
Como en un anfiteatro
grandes siluetas de vapor
suben de las profundidades del mundo
para decirnos algo.
Lo indecible
La luna achanchada sobre el horizonte
- que en esa latitud es un río o una selva, o "el más allá", quién sabe?-
observa nuestra pequeñez,
a pie en pasarelas encantadas.
En la noche, allí donde -aún acompañada- estás a solas,
mil ojos parecen observarnos, o ninguno.
La sensibilidad hasta lo indecible,
-ausente la luz- se despiertan los demás sentidos.
Los montes recortan la verde oscuridad,
y las aguas pacientemente nos ven pasar.
Las texturas de los pasamanos de madera, de alguna forma
nos aseguran que la evolución del hombre es a oscuras.
Ruidos de la selva y enigmáticos aromas
de un septiembre de orquídeas y magnolias,
resuenan el cantar del río,
con el sentir profundo de los lechos de arena.
Al llegar al final, la pasarela
de frente a la majestuosidad indescriptible:
una garganta tragando un trueno de agua y
un horizonte dibujado en árboles negros.
Como en un anfiteatro
grandes siluetas de vapor
suben de las profundidades del mundo
para decirnos algo.
miércoles, 18 de julio de 2012
Te invito a creer en cinco cosas imposibles antes del desayuno
8 años tenía y recorría una y otra vez en su mente las palabras que le diría a su padre cuando lo viera. Había planeado ese momento con lujo de detalles. Y seleccionado cada palabra que diría para no ofenderlo.
Desde que sus padres se habían separado hacía 3 años se había vuelto bastante retraída. En la escuela era víctima de todo tipo de bromas y no se entendía con ninguno de los chicos en general. Sin embargo, lo que más le preocupaba era su padre, que había vuelto a Buenos Aires mientras que ella con su hermano y su mamá se habían ido a vivir a Mar del Plata.
Llenaba su tiempo y sus vacíos con actividades extra programáticas, diversas variedades de danza, natación y gimnasias. Pasaba mucho tiempo en su jardín con sus plantas. Y mucho tiempo planeando aquel encuentro.
Tan pronto como viajaron la siguiente vez a Buenos Aires y tuvo oportunidad le dijo: Papá, podríamos ir solos a tomar un té a alguna cafetería?
El padre se sorprendió, pero aceptó sin saber de qué se trataba.
Una vez sentados frente a frente, la niña respiró profundamente, juntó todo su valor, lo encaró y le dijo: “Papá, yo sé que vos me querés. Aunque nunca me lo hayas dicho, ni vengas a verme y estés ausente cuando vengo a verte yo. Creo que es tu forma de ser, y quiero que sepas que yo te quiero también. Y que no necesito que cambies. Con lo que yo te quiero alcanza para los dos.”
El padre se emocionó mucho, supo decir que también la quería, con breves e incomprensibles palabras, pero a su modo supo hacerse entender. Y en los años sucesivos, no hubo ninguna vez que no haya invitado a la niña a tomar el te ellos solos, con la esperanza de volver a tener esa conexión profunda una vez más.
Ese día el aprendería de alguien de 8 años, y la niña aprendería a enfrentar cualquier situación por difícil que pareciera. Ya nada sería imposible.
Con todo el futuro por delante y una extraña percepción real de la velocidad con la que pasaba el tiempo, decidió escribir la primera de sus muchas listas. Escribió en un papel todas las cosas que quería hacer en la vida. Le llevó bastantes días porque nuevas ideas no dejaban de aparecer con el correr del tiempo. Desde viajar a determinados lugares de postal hasta aprender a patinar sobre hielo hacia atrás… Y luego razonó que no podría hacerlas todas juntas, ni en forma independiente de la edad. No podría aprender a patinar cuando tuviera 70 años. De manera que las ordenó no por orden de importancia, sino por la juventud que requerían. Así es como las acrobacias en viga y anillas ocupaban el primer lugar, escribir un libro así como por el medio y las artesanías y las rositas de azúcar impalpable el último lugar, en una lista de unos 60 ítems que luego se transformarían en casi 100 con los años.
Con la misma tranquilidad razonó que habría que hacer lo que a uno le gusta la mayor parte del día. Y entonces que sería grandioso que le gustara estudiar, puesto que eso era lo que estaría haciendo la siguiente década, hasta terminar la facultad. Qué desperdicio sería hacer lo que a uno no le gusta durante tantas horas! Y como se lo propuso realmente, estudiar es una de las cosas que más le gusta hacer desde entonces.
Pero... quién ataja semejante criatura?
Pasó el tiempo. Hoy ya no es más una pequeña (o tal vez si). Pero igual de adulta que a los 8. Y hoy sabe que nada es imposible, como en aquel entonces. Vive tratando de aprovechar cada segundo de su vida, siempre hacia adelante.
Heredó de su madre a ponerle garra a lo que se propusiera, lo importante era hacerlo bien y ser honesta consigo misma siempre. Cultivó de su padre su pasión por formar su propia opinión sobre las cosas y el altísimo concepto de la libertad. De su abuela heredó la formación de hogar cariñoso que le brindó luego a sus hijos. De la ciudad donde creció sacó el amor por el mar y de sus ancestros la pasión por el campo. De muchos autores pudo ponerle palabras a su creatividad.
Hoy está acostumbrada a enfrentar las cosas sola y es madre de todo el que se le acerque. Sigue teniendo tendencia a ordenar las ideas, no solo las propias, y siempre tiene un consejo de valentía para dar, ya que le resulta difícil justificar la cobardía o la duda. La franqueza la ha metido en más de un problema y la confunden los discursos dobles o melodramáticos.
Tiene una lista para cada cosa y una relación de amor-odio con su agenda de actividades por demás extensa, que nunca completará, hasta que haya hecho hasta la última de las rositas de azúcar impalpable que imaginó a los 8.
sábado, 12 de mayo de 2012
Ancestros
Despertó en una habitación pequeña con perfume a lavandas que su abuela solía colocar en pequeñas bolsitas de voile debajo de las almohadas. Había llegado la noche anterior casi a la madrugada y no había tenido tiempo para nada, simplemente acostarse hasta que se hiciera de día. “Ya deben ser más de las diez”, pensó, viendo la cantidad luz que se filtraba por las cortinas, “y debe haber un sol espléndido”. Se levantó ágilmente feliz de estar de vuelta en su ciudad natal, de poder encontrarse con la playa y el mar.
No se oían ruidos en la casa pero las persianas estaban altas y los ambientes estaban todos suavemente iluminados. Paseó por el living, recordando en cada rincón un sinfín de pasajes de su vida, y en cada detalle un sinfín de emociones. Como observándolo todo, el hogar a leña se encontraba en el centro del salón. Su interior estaba hecho de piedra típica del lugar y por fuera estaba rematado con madera lustrada en cuyo parante superior se leía una inscripción “Tu passes dans cette maison, et ton souvenir demeure”. Parada frente a él se puso a pensar cuántas veces, inevitablemente había pasado horas junto al fuego fijando esa frase en su mente: “Si pasas por esta casa, tu recuerdo perdurará”. Evidentemente eso tendría un efecto mágico de nostalgia al ir y felicidad al volver.
Giró sobre sus pies y se encontró con la vieja vitrina de madera con estantes y paredes de vidrio. Los abuelos la llamaban “Reina Ana” refiriéndose al estilo de su porte y a sus características patas en forma de garras talladas a mano. Era una reliquia que producía orgullo a los más ancianos y completa indiferencia a los jóvenes. Detrás de sus vidrios viscelados se podía observar -ordenada prolijamente- la cristalería tallada que había pertenecido a su familia a través de los años, y que en la realidad, solo se utilizaba para eventos únicos como la navidad y otras ocasiones especiales.
Las copas eran de diversos tamaños y formas, alineadas en hileras de 6 y ordenadas de mayor a menor según su altura. Las copas azules estaban al final de las hileras, y -ayudadas por el fondo de espejo y la luz del ambiente- producían un efecto azul en todas las demás, e incluso algún que otro reflejo azul en las paredes de la sala. Se detuvo un segundo a observar por primera vez un extraño brillo allí entre las copas altas y angostas. Aparentemente era una pequeña tacita de plata. La observó con curiosidad unos momentos, cuando escuchó el sonido de las llaves en la puerta de entrada y se alejó a ver quién llegaba.
Era la abuela que la recibió con afecto y preparó el desayuno con el pan fresco que acababa de traer del almacén. En la cocina ya había dejado preparados unos mates dulces, la manteca y el dulce casero de frutillas.
Su abuela era la del medio, de una familia de 14 hermanos, nacidos en Argentina. Hijos de inmigrantes vascos del norte de España. Sus padres habían escapado de pestes y guerrillas que por aquel entonces afectaban a Europa. En el nuevo mundo habían sido tan pobres que comer y sobrevivir había sido el objetivo diario durante muchos años, pero también fue la razón por la que “compartir” y “hospedar” ya formaban parte de su sangre y de la de sus herederos.
Se había casado con otro hijo de inmigrantes vascos-franceses. Juntos compartieron su amor con sus hijos, a los que nada les faltó.
La descripción generalizada de los vascos inmigrantes se ajustaba exactamente a las características de los abuelos: el culto a la hospitalidad, la sencillez de costumbres y actitudes, el respeto por la palabra empeñada, el perseverante esfuerzo ante todo tipo de retos y sus generalizadas muestras de honestidad los describían muy bien.
Supieron darle a sus hijos la mejor educación que para ellos era lo más importante y profundos valores familiares heredados de algún resquicio de nobleza o hidalguía de sus antepasados.
Además criaron a varios de sus sobrinos, seguidos de varios nietos y bisnietos. La casa de los abuelos había sido un hogar para muchas personas -familiares o no-, a lo largo de la vida.
Y ahí estaba la abuela, una vez más sirviendo el desayuno a la recién llegada, procurando un ambiente de abundancia de cosas ricas y armonía.
Conversaron sobre muchas cosas, tratando de poner al día a la abuela con las novedades. Los biznietos andaban bien en el colegio, los albañiles ya se habían ido, los arreglos de la casa ya estaban terminados, el jardín había quedado precioso con las nuevas luces de farol y un banco de plaza y qué ganas de que lo viniera a ver alguna vez. La abuela hacía rato que no se movía de su ciudad, su mar y sus mañanas pacíficas. La ciudad era ruidosa y agresiva, y ella no cedía para ir.
Y en ese momento cálido de intercambio sobrevino la pregunta: -“Abu, vos que me conocés bien, qué pensarías si pongo mi propio viñedo?” La abuela tuvo un inexplicable destello de picardía en sus ojos azules mientras preguntó: “Pero por qué sería eso? Si tu profesión te gusta y estás bien… “
“Si”, contestó la nieta. “Pero es que he visitado unos amigos, en una casa rodeada de vid, con una acequia que cruza la galería y viven del campo, sin tener que soportar el subte, el ruido y los tiempos de la ciudad, y tengo la sensación de que ese es mi lugar.”
Sin decir una palabra la abuela se levantó y cubrió la distancia entre el comedor y el living en unos ágiles pasos. La nieta la siguió sin saber de qué se trataba.
Abrió el cajón central de la cómoda, hurgó con sus manos de surcos entre los manteles apilados y sacó una caja de madera. Allí encontró una pequeña llave hueca que abría la vitrina con apenas media vuelta. Retiró cuidadosamente varias copas -a pesar de su temblor de edad- y consiguió lo que buscaba. Aquel pequeño descubrimiento al principio del día brillaba ahora en manos de la abuela, lo que dejaba ya de ser una coincidencia. De cerca se podía ver que era sin dudas una taza de plata, de base ancha y muy poca altura, a lo sumo de dos centímetros. Tenía una manija circular pequeña que permitía tomarla con el índice y el pulgar. Su desgaste y algunas abolladuras en la base indicaban que había sido muy usada. Pero estaba reluciente como pulida ese mismo día, muy probablemente por la abuela. Parecía construida a mano porque su forma no era resultado de alguna maquinaria, y en el fondo se descubría incrustada en la plata, una moneda acuñada en 1780 en Francia… Otros detalles no se leían con nitidez.
La abuela explicó: “Este es el catador de tus ancestros. Tu abuelo me lo entregó para que un día, alguno de los herederos continúe la labor del vino. Tienes toda la razón si encuentras tu lugar de pertenencia como me lo has contado.” Luego de pasarle una franela para darle más brillo (si eso fuera siquiera posible) se lo entregó a la nieta con solemnidad.
El fin de semana pasó agradablemente, y al regreso, el catador viene guardado en la mochila con renovados compromisos. Apoyada la frente sobre la ventana los recuerdos bailan al ritmo del camino. La abuela era una persona sabia a pesar de su simple tercer grado. Su pasado de superación tenaz y optimismo solidario, la hacían extraordinaria.
Una frase de las tantas que la abuela legó, se queda unos instantes resonando: “Valoramos nuestros ancestros, porque el futuro se levanta sobre el pasado”.
No se oían ruidos en la casa pero las persianas estaban altas y los ambientes estaban todos suavemente iluminados. Paseó por el living, recordando en cada rincón un sinfín de pasajes de su vida, y en cada detalle un sinfín de emociones. Como observándolo todo, el hogar a leña se encontraba en el centro del salón. Su interior estaba hecho de piedra típica del lugar y por fuera estaba rematado con madera lustrada en cuyo parante superior se leía una inscripción “Tu passes dans cette maison, et ton souvenir demeure”. Parada frente a él se puso a pensar cuántas veces, inevitablemente había pasado horas junto al fuego fijando esa frase en su mente: “Si pasas por esta casa, tu recuerdo perdurará”. Evidentemente eso tendría un efecto mágico de nostalgia al ir y felicidad al volver.
Giró sobre sus pies y se encontró con la vieja vitrina de madera con estantes y paredes de vidrio. Los abuelos la llamaban “Reina Ana” refiriéndose al estilo de su porte y a sus características patas en forma de garras talladas a mano. Era una reliquia que producía orgullo a los más ancianos y completa indiferencia a los jóvenes. Detrás de sus vidrios viscelados se podía observar -ordenada prolijamente- la cristalería tallada que había pertenecido a su familia a través de los años, y que en la realidad, solo se utilizaba para eventos únicos como la navidad y otras ocasiones especiales.
Las copas eran de diversos tamaños y formas, alineadas en hileras de 6 y ordenadas de mayor a menor según su altura. Las copas azules estaban al final de las hileras, y -ayudadas por el fondo de espejo y la luz del ambiente- producían un efecto azul en todas las demás, e incluso algún que otro reflejo azul en las paredes de la sala. Se detuvo un segundo a observar por primera vez un extraño brillo allí entre las copas altas y angostas. Aparentemente era una pequeña tacita de plata. La observó con curiosidad unos momentos, cuando escuchó el sonido de las llaves en la puerta de entrada y se alejó a ver quién llegaba.
Era la abuela que la recibió con afecto y preparó el desayuno con el pan fresco que acababa de traer del almacén. En la cocina ya había dejado preparados unos mates dulces, la manteca y el dulce casero de frutillas.
Su abuela era la del medio, de una familia de 14 hermanos, nacidos en Argentina. Hijos de inmigrantes vascos del norte de España. Sus padres habían escapado de pestes y guerrillas que por aquel entonces afectaban a Europa. En el nuevo mundo habían sido tan pobres que comer y sobrevivir había sido el objetivo diario durante muchos años, pero también fue la razón por la que “compartir” y “hospedar” ya formaban parte de su sangre y de la de sus herederos.
Se había casado con otro hijo de inmigrantes vascos-franceses. Juntos compartieron su amor con sus hijos, a los que nada les faltó.
La descripción generalizada de los vascos inmigrantes se ajustaba exactamente a las características de los abuelos: el culto a la hospitalidad, la sencillez de costumbres y actitudes, el respeto por la palabra empeñada, el perseverante esfuerzo ante todo tipo de retos y sus generalizadas muestras de honestidad los describían muy bien.
Supieron darle a sus hijos la mejor educación que para ellos era lo más importante y profundos valores familiares heredados de algún resquicio de nobleza o hidalguía de sus antepasados.
Además criaron a varios de sus sobrinos, seguidos de varios nietos y bisnietos. La casa de los abuelos había sido un hogar para muchas personas -familiares o no-, a lo largo de la vida.
Y ahí estaba la abuela, una vez más sirviendo el desayuno a la recién llegada, procurando un ambiente de abundancia de cosas ricas y armonía.
Conversaron sobre muchas cosas, tratando de poner al día a la abuela con las novedades. Los biznietos andaban bien en el colegio, los albañiles ya se habían ido, los arreglos de la casa ya estaban terminados, el jardín había quedado precioso con las nuevas luces de farol y un banco de plaza y qué ganas de que lo viniera a ver alguna vez. La abuela hacía rato que no se movía de su ciudad, su mar y sus mañanas pacíficas. La ciudad era ruidosa y agresiva, y ella no cedía para ir.
Y en ese momento cálido de intercambio sobrevino la pregunta: -“Abu, vos que me conocés bien, qué pensarías si pongo mi propio viñedo?” La abuela tuvo un inexplicable destello de picardía en sus ojos azules mientras preguntó: “Pero por qué sería eso? Si tu profesión te gusta y estás bien… “
“Si”, contestó la nieta. “Pero es que he visitado unos amigos, en una casa rodeada de vid, con una acequia que cruza la galería y viven del campo, sin tener que soportar el subte, el ruido y los tiempos de la ciudad, y tengo la sensación de que ese es mi lugar.”
Sin decir una palabra la abuela se levantó y cubrió la distancia entre el comedor y el living en unos ágiles pasos. La nieta la siguió sin saber de qué se trataba.
Abrió el cajón central de la cómoda, hurgó con sus manos de surcos entre los manteles apilados y sacó una caja de madera. Allí encontró una pequeña llave hueca que abría la vitrina con apenas media vuelta. Retiró cuidadosamente varias copas -a pesar de su temblor de edad- y consiguió lo que buscaba. Aquel pequeño descubrimiento al principio del día brillaba ahora en manos de la abuela, lo que dejaba ya de ser una coincidencia. De cerca se podía ver que era sin dudas una taza de plata, de base ancha y muy poca altura, a lo sumo de dos centímetros. Tenía una manija circular pequeña que permitía tomarla con el índice y el pulgar. Su desgaste y algunas abolladuras en la base indicaban que había sido muy usada. Pero estaba reluciente como pulida ese mismo día, muy probablemente por la abuela. Parecía construida a mano porque su forma no era resultado de alguna maquinaria, y en el fondo se descubría incrustada en la plata, una moneda acuñada en 1780 en Francia… Otros detalles no se leían con nitidez.
La abuela explicó: “Este es el catador de tus ancestros. Tu abuelo me lo entregó para que un día, alguno de los herederos continúe la labor del vino. Tienes toda la razón si encuentras tu lugar de pertenencia como me lo has contado.” Luego de pasarle una franela para darle más brillo (si eso fuera siquiera posible) se lo entregó a la nieta con solemnidad.
El fin de semana pasó agradablemente, y al regreso, el catador viene guardado en la mochila con renovados compromisos. Apoyada la frente sobre la ventana los recuerdos bailan al ritmo del camino. La abuela era una persona sabia a pesar de su simple tercer grado. Su pasado de superación tenaz y optimismo solidario, la hacían extraordinaria.
Una frase de las tantas que la abuela legó, se queda unos instantes resonando: “Valoramos nuestros ancestros, porque el futuro se levanta sobre el pasado”.
lunes, 7 de mayo de 2012
Otro 7 de mayo
Bueno.... Mil consejos, mil ejemplos de grandeza, mil historias para contar… o más. Pero una se me hizo presente hoy en su día y quiero compartirla. Ese día nada era novedad: mi mamá ya estaba diagnosticada desde hacía más de tres años. Diagnóstico: “seis meses de vida” - le dijeron aquella vez. Pero fue mucho más- Y en esos años ella dejó preparadas varias cosas. Entre ellas un seguro. Y una lista en puño y letra. Con el detalle de a quién se debía devolver con eso. Una vez que se fue y me llegó el dinero, le hice llegar a cada una de esas personas lo que ellos en los últimos tiempos le habían entregado con ánimos de ayudar. Incluyendo dos bancos cuyos gerentes la hubieran pasado mal si yo no me presentaba. Todos (salvo uno que en verdad no lo quizo) cada uno de ellos recibió hasta el último centavo que le había prestado de corazón. También conseguimos comenzar a pagar un primer dpto que luego sirvió para el de mi hermano. Yo cumplí con su lista. Y agradezco aquel pequeño monto que me permitió tener hoy mi casa. Pero más agradezco su enseñanza de devolver, eso es un gesto de grandeza como tantos otros que me dio y –por suerte- hoy nadie me lo puede quitar. Gracias.
domingo, 15 de abril de 2012
Convivencia
He encontrado este texto que me representa profundamente y caracteriza mis pensamientos diarios y mi forma de actuar.
"Un antropólogo propuso un juego a los niños de una tribu africana. Puso una canasta llena de frutas cerca de un árbol y le dijo a los niños que aquel que llegara primero ganaría todas las frutas.
Cuando dio la señal para que corrieran, todos los niños se tomaron de las manos y corrieron juntos, después se sentaron juntos a disfrutar del premio.
Cuando él les preguntó por qué habían corrido así, si uno solo podía ganar todas las frutas, le respondieron: UBUNTU, ¿cómo uno de nosotros podría estar feliz si todos los demás están tristes?
UBUNTU, en la cultura Xhosa significa: "Yo soy porque nosotros somos."
"Un antropólogo propuso un juego a los niños de una tribu africana. Puso una canasta llena de frutas cerca de un árbol y le dijo a los niños que aquel que llegara primero ganaría todas las frutas.
Cuando dio la señal para que corrieran, todos los niños se tomaron de las manos y corrieron juntos, después se sentaron juntos a disfrutar del premio.
Cuando él les preguntó por qué habían corrido así, si uno solo podía ganar todas las frutas, le respondieron: UBUNTU, ¿cómo uno de nosotros podría estar feliz si todos los demás están tristes?
UBUNTU, en la cultura Xhosa significa: "Yo soy porque nosotros somos."
sábado, 8 de octubre de 2011
Pasajes de la vida...
Recién vuelta de Europa.
Lo mejor... la apertura mental.
Lo peor... tener que volver.
Acá me recibieron mis hijos -los mejores seres del planeta- con los que quiero compartir cada segundo de mi vida.
De todas formas debo ser honesta... Volver no me entusiasmaba demasiado.
Mi casa allá estaba nueva, amplia y ordenada.
El día iniciaba con mis tiempos.
El trabajo era suficiente para no aburrirme y por eso... tranquilo.
El gimnasio fue una opción, que tomé todos los días.
Leer, pasear, tirarse a no hacer nada.
Ni un trámite pendiente... ni una lista.
Cero nervios.
Por momentos, la felicidad.
Volví a mi casa, a mi realidad, y a mi país...
Me estoy recuperando no del viaje... de tener que volver.
Lo mejor... la apertura mental.
Lo peor... tener que volver.
Acá me recibieron mis hijos -los mejores seres del planeta- con los que quiero compartir cada segundo de mi vida.
De todas formas debo ser honesta... Volver no me entusiasmaba demasiado.
Mi casa allá estaba nueva, amplia y ordenada.
El día iniciaba con mis tiempos.
El trabajo era suficiente para no aburrirme y por eso... tranquilo.
El gimnasio fue una opción, que tomé todos los días.
Leer, pasear, tirarse a no hacer nada.
Ni un trámite pendiente... ni una lista.
Cero nervios.
Por momentos, la felicidad.
Volví a mi casa, a mi realidad, y a mi país...
Me estoy recuperando no del viaje... de tener que volver.
sábado, 10 de septiembre de 2011
Un piropo
"By the way, you should know that with time and age, you're getting sexier than ever....while maintaining a halo of innocence and rawness that not only completes the package of being yourself, but also makes of you a heavenly, outwordly sight."
qué piropo! Gracias por verlo así, yo siento el peso del millón de años que tengo, de todas formas gracias! Lo quise guardar acá para que no se pierda...
El hogar a leña de mi casa en mardel decía grabado en la madera superior: "Tu passes dans cette maison et ton souvenir demeure"
Creo que muchas cosas deberían perdurar... sin embargo...
Mientras dure, acá se conservará este piropazo que me dijeron un día!
:)
qué piropo! Gracias por verlo así, yo siento el peso del millón de años que tengo, de todas formas gracias! Lo quise guardar acá para que no se pierda...
El hogar a leña de mi casa en mardel decía grabado en la madera superior: "Tu passes dans cette maison et ton souvenir demeure"
Creo que muchas cosas deberían perdurar... sin embargo...
Mientras dure, acá se conservará este piropazo que me dijeron un día!
:)
martes, 28 de junio de 2011
Tandil
Lo primero que me sedujo fue la vista de las sierras y el aire limpio, la tranquilidad y la paz del lugar.
Los caminos de Tandil resultaron super cómodos para cualquier medio de transporte, recorridos a pie, en bici o en auto son increíbles paseos. Tres días quedan algo cortos para recorrer las bellezas del lugar.
Desde el alojamiento en apenas 600 m me encontré al pie de la sierra, por camino de ripio nivelado, luego nos subimos al sendero, rústico, desparejo con vegetación típica de montaña, espinillos, arbustos secos y flores salvajes. El suelo alterna roca y pasturas de animales, desafía por momentos con alturas y luego requiere resistencia para dominar la subida y la respiración. Los descansos se aprovechan para admirar una vista libre de los terrenos de la zona, la ciudad y las laderas de las sierras.
Subimos en dos horas de franco esfuerzo mientras ganábamos altura y con la adrenalina de abrir nuevos caminos. La bajada también resultó un esfuerzo y fue muy pintoresco seguir los caminos de los animales, cabras, ovejas, caballos, vacas del lugar.
El clima en pleno invierno de junio fue benigno, fresco en la cara, pero con buen abrigo fue perfecto para realizar nuestro entrenamiento. Vamos a seguir con otros cerros, pero de este tendremos siempre un recuerdo imborrable.
Lo completó un paseo en bicicletas también inolvidable en una ciudad que vale la pena visitar.
Gracias Muri y equipo.
Los caminos de Tandil resultaron super cómodos para cualquier medio de transporte, recorridos a pie, en bici o en auto son increíbles paseos. Tres días quedan algo cortos para recorrer las bellezas del lugar.
Desde el alojamiento en apenas 600 m me encontré al pie de la sierra, por camino de ripio nivelado, luego nos subimos al sendero, rústico, desparejo con vegetación típica de montaña, espinillos, arbustos secos y flores salvajes. El suelo alterna roca y pasturas de animales, desafía por momentos con alturas y luego requiere resistencia para dominar la subida y la respiración. Los descansos se aprovechan para admirar una vista libre de los terrenos de la zona, la ciudad y las laderas de las sierras.
Subimos en dos horas de franco esfuerzo mientras ganábamos altura y con la adrenalina de abrir nuevos caminos. La bajada también resultó un esfuerzo y fue muy pintoresco seguir los caminos de los animales, cabras, ovejas, caballos, vacas del lugar.
El clima en pleno invierno de junio fue benigno, fresco en la cara, pero con buen abrigo fue perfecto para realizar nuestro entrenamiento. Vamos a seguir con otros cerros, pero de este tendremos siempre un recuerdo imborrable.
Lo completó un paseo en bicicletas también inolvidable en una ciudad que vale la pena visitar.
Gracias Muri y equipo.
domingo, 8 de mayo de 2011
Más listas, tengo que vaciar mi cabeza
Soy amante de la ciencia ficción, futurismo, magia y hechicería novelada. Me gusta leerla y por más delirante o atrapante que sea y por mejor que esté escrita/guionada lo que más me apasiona es pensar en el escritor. Me gusta imaginármelo inventando y escribiendo esas historias. Son sujetos increíbles, no solo la imaginación que tienen es admirable, en muchos casos me gusta la Lógica que aplican y cómo extienden nuestras realidades a lugares y situaciones impensables para la mayoría de nosotros.
Voy a escribir un libro un día, tengo un par de puntas que atesoro para cuando sea el momento.
Todo esto viene a que voy coleccionando en mi mente artículos o capacidades imaginadas, de diversos autores sobre temáticas diferentes:
- Coches con chofer electrónico, del tipo “ llevame a tal lugar y que conduzca”… (vengador del futuro)
- Ropa que adquiere el talle al ponérsela (Volver al Futuro)
- DesMaterializarse y teletransportarse (Viaje a las estrellas)
- Habitaciones temáticas, que incluyan el ambiente completo, no solo las imágenes y los sonidos sino también las texturas y los olores. (Ray Bradbury)
- Una carpa de bolsillo, con todo adentro (HP)
- Un anillo que te hace invisible (preferentemente sin efectos colaterales desagradables) (el Sr. de los anillos)
- Una capacidad para leer el pensamiento, y una más fuerte aún: para bloquearlo! (Saga Crepúsculo)
- Médicos que ingresan a tu cuerpo y "convencen" a tus propias defensas que tienen que hacer su trabajo (como granos de arena)
- Cambiar de cuerpo... (la ley del amor)
- Un relojito con una ruedita para dominar el tiempo y poder estar “en dos lugares al mismo tiempo” (HP)
- Un aparatito para deshacer acciones que nos producen culpas (Los regalos de Eykis)
- Una maquinita que casi mágicamente genera de la nada unos cuadraditos de comida que son suficientes para vivir, sacar el hambre y las ganas de comer (que no es lo mismo) y además no contaminan… (no se qué del tiempo, nunca me acuerdo el nombre de este libro)
- Aprender todo el contenido de un tema en cuestión de segundos.... como en Matrix... jijitzu! Qué groso!
Pero lo que hoy de verdad necesitaría, de verdad de verdad, es el Pensadero de Dumbledore (Harry Potter). Fantástico! Una tinaja donde arrojar pensamientos que ocupan lugar en nuestra mente para dejar espacio.
Tengo el cerebro lleno de cosas, recuerdos, pensamientos, pendientes, etc… Infancia y proyecciones a futuro se pelean por el espacio. Están como una maceta que no tiene capacidad para la planta que contiene, y las raíces salen por todos lados…
Qué bien me vendría un Pensadero! Aliviar la presión, sacar todo lo que no necesito de momento, y lo guardo por las dudas… buenísimo! Felicito a la autora.
Me pongo en lista de espera cuando inicien la fabricación… denme dos!
;)
Voy a escribir un libro un día, tengo un par de puntas que atesoro para cuando sea el momento.
Todo esto viene a que voy coleccionando en mi mente artículos o capacidades imaginadas, de diversos autores sobre temáticas diferentes:
- Coches con chofer electrónico, del tipo “ llevame a tal lugar y que conduzca”… (vengador del futuro)
- Ropa que adquiere el talle al ponérsela (Volver al Futuro)
- DesMaterializarse y teletransportarse (Viaje a las estrellas)
- Habitaciones temáticas, que incluyan el ambiente completo, no solo las imágenes y los sonidos sino también las texturas y los olores. (Ray Bradbury)
- Una carpa de bolsillo, con todo adentro (HP)
- Un anillo que te hace invisible (preferentemente sin efectos colaterales desagradables) (el Sr. de los anillos)
- Una capacidad para leer el pensamiento, y una más fuerte aún: para bloquearlo! (Saga Crepúsculo)
- Médicos que ingresan a tu cuerpo y "convencen" a tus propias defensas que tienen que hacer su trabajo (como granos de arena)
- Cambiar de cuerpo... (la ley del amor)
- Un relojito con una ruedita para dominar el tiempo y poder estar “en dos lugares al mismo tiempo” (HP)
- Un aparatito para deshacer acciones que nos producen culpas (Los regalos de Eykis)
- Una maquinita que casi mágicamente genera de la nada unos cuadraditos de comida que son suficientes para vivir, sacar el hambre y las ganas de comer (que no es lo mismo) y además no contaminan… (no se qué del tiempo, nunca me acuerdo el nombre de este libro)
- Aprender todo el contenido de un tema en cuestión de segundos.... como en Matrix... jijitzu! Qué groso!
Pero lo que hoy de verdad necesitaría, de verdad de verdad, es el Pensadero de Dumbledore (Harry Potter). Fantástico! Una tinaja donde arrojar pensamientos que ocupan lugar en nuestra mente para dejar espacio.
Tengo el cerebro lleno de cosas, recuerdos, pensamientos, pendientes, etc… Infancia y proyecciones a futuro se pelean por el espacio. Están como una maceta que no tiene capacidad para la planta que contiene, y las raíces salen por todos lados…
Qué bien me vendría un Pensadero! Aliviar la presión, sacar todo lo que no necesito de momento, y lo guardo por las dudas… buenísimo! Felicito a la autora.
Me pongo en lista de espera cuando inicien la fabricación… denme dos!
;)
domingo, 1 de mayo de 2011
Poesía de Tintillo
PARA LORENA
¡ Como pude incurrir en un olvido, omisión imperdonable ¡
Por tus ojos cautivantes, me desoriento y pierdo el sentido
Esa mirada que es reflejo del celeste, el mismo color del cielo
es espejo de un alma, que acaricia y da consuelo.-
Tu palabra es acertada, y tus silencios elocuentes
Escuchando al amigo que viene arrastrando penas
Y necesita una ayuda para salir del pantano,
Una caricia para el alma y un consejo siempre sano.
Admiro tu decisión de tener tanto coraje
Para afrontar en la vida exigentes desafíos,
Dar un golpe de timón bien pensado y reflexivo,
Orientándola donde tu quieres ¡ hacia mejores destinos.
Y también se ve tu brillo, contagiando con tu fuerza,
tu fortaleza es ejemplo que muchos deben seguir:
pensar lo que es el presente, dejar la rutina a un lado
Seguir buscando y orientar la vida por otro rumbo
Para llegar a tu sueño, hay que vencer a este mundo.
Nos subyugas cuando bailas, tus ojos siguen brillando
tu sonrisa es permanente, y tu alegría contagia
Tus manos cual dos palomas, hacen juegos con el aire,
Como manejando el viento, y la música flamenca
Que hace ondular tu figura, hasta conquista a los astros
Y hace bailar a la luna.-
Solo me queda decir -una vez más en este blog- GRACIAS!
Gracias Tintillo por todo el cariño que me das. Sos un Padre para mí. Te quiero.
¡ Como pude incurrir en un olvido, omisión imperdonable ¡
Por tus ojos cautivantes, me desoriento y pierdo el sentido
Esa mirada que es reflejo del celeste, el mismo color del cielo
es espejo de un alma, que acaricia y da consuelo.-
Tu palabra es acertada, y tus silencios elocuentes
Escuchando al amigo que viene arrastrando penas
Y necesita una ayuda para salir del pantano,
Una caricia para el alma y un consejo siempre sano.
Admiro tu decisión de tener tanto coraje
Para afrontar en la vida exigentes desafíos,
Dar un golpe de timón bien pensado y reflexivo,
Orientándola donde tu quieres ¡ hacia mejores destinos.
Y también se ve tu brillo, contagiando con tu fuerza,
tu fortaleza es ejemplo que muchos deben seguir:
pensar lo que es el presente, dejar la rutina a un lado
Seguir buscando y orientar la vida por otro rumbo
Para llegar a tu sueño, hay que vencer a este mundo.
Nos subyugas cuando bailas, tus ojos siguen brillando
tu sonrisa es permanente, y tu alegría contagia
Tus manos cual dos palomas, hacen juegos con el aire,
Como manejando el viento, y la música flamenca
Que hace ondular tu figura, hasta conquista a los astros
Y hace bailar a la luna.-
Solo me queda decir -una vez más en este blog- GRACIAS!
Gracias Tintillo por todo el cariño que me das. Sos un Padre para mí. Te quiero.
jueves, 28 de abril de 2011
martes, 1 de marzo de 2011
Ilusión del control
Hoy di un paso al frente, uno personal. La parte de mi que todo lo controla (o quiere hacerlo), se quedó mansa a un costado y decidió dejarme accesible, permeable y vulnerable por momentos también. Cuesta este trabajo, capitas de cebolla van cayendo a mi alrededor. La ilusión del control fuertemente golpeada con sonrisas y verdades.
Agradezco al universo las oportunidades que me da, las situaciones, los aprendizajes y momentos positivos, y este contacto con las profundidades de mi ser.
Simplemente gracias.
Agradezco al universo las oportunidades que me da, las situaciones, los aprendizajes y momentos positivos, y este contacto con las profundidades de mi ser.
Simplemente gracias.
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